top of page

Domingo 20 de Septiembre de 2026.

hace 6 minutos
4 min de lectura

Salmo 44 (RVR1960) Profetas y Reyes



Liberaciones pasadas y pruebas presentes

Al músico principal. Masquil de los hijos de Coré.

1 Oh Dios, con nuestros oídos hemos oído, nuestros padres nos han contado,


La obra que hiciste en sus días, en los tiempos antiguos.


2 Tú con tu mano echaste las naciones, y los plantaste a ellos;


Afligiste a los pueblos, y los arrojaste.


3 Porque no se apoderaron de la tierra por su espada,


Ni su brazo los libró;


Sino tu diestra, y tu brazo, y la luz de tu rostro,


Porque te complaciste en ellos.


4 Tú, oh Dios, eres mi rey;


Manda salvación a Jacob.


5 Por medio de ti sacudiremos a nuestros enemigos;


En tu nombre hollaremos a nuestros adversarios.


6 Porque no confiaré en mi arco,


Ni mi espada me salvará;


7 Pues tú nos has guardado de nuestros enemigos,


Y has avergonzado a los que nos aborrecían.


8 En Dios nos gloriaremos todo el tiempo,


Y para siempre alabaremos tu nombre. Selah


9 Pero nos has desechado, y nos has hecho avergonzar;


Y no sales con nuestros ejércitos.


10 Nos hiciste retroceder delante del enemigo,


Y nos saquean para sí los que nos aborrecen.


11 Nos entregas como ovejas al matadero,


Y nos has esparcido entre las naciones.


12 Has vendido a tu pueblo de balde;


No exigiste ningún precio.


13 Nos pones por afrenta de nuestros vecinos,


Por escarnio y por burla de los que nos rodean.


14 Nos pusiste por proverbio entre las naciones;


Todos al vernos menean la cabeza.


15 Cada día mi vergüenza está delante de mí,


Y la confusión de mi rostro me cubre,


16 Por la voz del que me vitupera y deshonra,


Por razón del enemigo y del vengativo.


17 Todo esto nos ha venido, y no nos hemos olvidado de ti,


Y no hemos faltado a tu pacto.


18 No se ha vuelto atrás nuestro corazón,


Ni se han apartado de tus caminos nuestros pasos,


19 Para que nos quebrantases en el lugar de chacales,


Y nos cubrieses con sombra de muerte.


20 Si nos hubiésemos olvidado del nombre de nuestro Dios,


O alzado nuestras manos a dios ajeno,


21 ¿No demandaría Dios esto?


Porque él conoce los secretos del corazón.


22 Pero por causa de ti nos matan cada día;


Somos contados como ovejas para el matadero.


23 Despierta; ¿por qué duermes, Señor?


Despierta, no te alejes para siempre.


24 ¿Por qué escondes tu rostro,


Y te olvidas de nuestra aflicción, y de la opresión nuestra?


25 Porque nuestra alma está agobiada hasta el polvo,


Y nuestro cuerpo está postrado hasta la tierra.


26 Levántate para ayudarnos,


Y redímenos por causa de tu misericordia.


Comentario del Capitulo





Capítulo 35—La condenación inminente


Durante los primeros años del reinado de Joaquim fueron dadas muchas advertencias referentes a la condenación que se acercaba. Estaba por cumplirse la palabra que expresara el Señor por los profetas. La potencia asiria que desde el norte había ejercido durante mucho tiempo la supremacía, no iba a gobernar ya las naciones. Por el sur, Egipto en cuyo poder el rey de Judá había puesto en vano su confianza, iba a ser puesto pronto decididamente en jaque. En forma completamente inesperada, una nueva potencia mundial, el Imperio Babilónico, se levantaba hacia el este, y con presteza iba sobrepujando todas las otras naciones.


Dentro de pocos y cortos años el rey de Babilonia iba a ser usado como instrumento de la ira de Dios sobre el impenitente Judá. Una y otra vez Jerusalén iba a quedar rodeada y en ella entrarían los ejércitos sitiadores de Nabucodonosor. Una compañía tras otra, compuestas al principio de poca gente, pero más tarde de millares y decenas de millares de cautivos, iban a ser llevadas a la tierra de Sinar, para morar allí en destierro forzoso. Joaquim, Joaquín y Sedequías, esos tres reyes judíos iban a ser por turno vasallos del gobernante babilónico, y cada uno a su vez se iba a rebelar. Castigos cada vez más severos iban a ser infligidos a la nación rebelde, hasta que por fin toda la tierra quedase asolada, Jerusalén reducida a ruinas chamuscadas por el fuego, destruído el templo que Salomón había edificado, y el reino de Judá iba a caer para nunca volver a ocupar su puesto anterior entre las naciones de la tierra.


Aquellos tiempos de cambios, tan cargados de peligros para la nación israelita, fueron señalados por muchos mensajes enviados del Cielo, por medio de Jeremías. Así fué cómo el Señor dió a los hijos de Judá amplia oportunidad de librarse de las alianzas con que se habían enredado con Egipto, y de evitar la controversia con los gobernantes de Babilonia. A medida que se acercaba el peligro amenazador, enseñó al pueblo por medio de una serie de parábolas en actos, con la esperanza de despertarlos, hacerles sentir su obligación hacia Dios y alentarlos a sostener relaciones amistosas con el gobierno babilónico.


Para ilustrar cuán importante era rendir implícita obediencia a los requerimientos de Dios, Jeremías reunió a algunos recabitas en una de las cámaras del templo, y poniendo vino delante de ellos los invitó a beber. Como era de esperar, le contestaron con reprensiones y negándose en absoluto a beber. Declararon firmemente los recabitas: “No beberemos vino; porque Jonadab hijo de Rechab nuestro padre nos mandó, diciendo: No beberéis jamás vino vosotros ni vuestros hijos.”


“Y fué palabra de Jehová a Jeremías, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Ve, y di a los varones de Judá, y a los moradores de Jerusalem: ¿No recibiréis instrucción para obedecer a mis palabras? ... Fué firme la palabra de Jonadab hijo de Rechab, el cual mandó a sus hijos que no bebiesen vino, y no lo han bebido hasta hoy, por obedecer al mandamiento de su padre.” Jeremías 35:6, 12-14.


Con esto Dios procuraba poner en agudo contraste la obediencia de los recabitas con la desobediencia y rebelión de su pueblo. Los recabitas habían obedecido a la orden de su padre, y se negaban a transgredirla. Pero los hombres de Judá no habían escuchado las palabras de Jehová, y en consecuencia habían de sufrir sus más severos castigos.










Te invitamos a continuar con la lectura del día de mañana.







bottom of page