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Domingo 23 de Agosto de 2026.

  • hace 1 día
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Salmo 16 (RVR1960) Profetas y Reyes



Una herencia escogida

Mictam de David.

1 Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado.


2 Oh alma mía, dijiste a Jehová:


Tú eres mi Señor;


No hay para mí bien fuera de ti.


3 Para los santos que están en la tierra,


Y para los íntegros, es toda mi complacencia.


4 Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios.


No ofreceré yo sus libaciones de sangre,


Ni en mis labios tomaré sus nombres.


5 Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa;


Tú sustentas mi suerte.


6 Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos,


Y es hermosa la heredad que me ha tocado.


7 Bendeciré a Jehová que me aconseja;


Aun en las noches me enseña mi conciencia.


8 A Jehová he puesto siempre delante de mí;


Porque está a mi diestra, no seré conmovido.


9 Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma;


Mi carne también reposará confiadamente;


10 Porque no dejarás mi alma en el Seol,


Ni permitirás que tu santo vea corrupción.


11 Me mostrarás la senda de la vida;


En tu presencia hay plenitud de gozo;


Delicias a tu diestra para siempre.


Comentario del Capitulo






Capítulo 29—Los embajadores de Babilonia


En medio de su próspero reinado, el rey Ezequías se vió repentinamente aquejado de una enfermedad fatal. Estaba “enfermo para morir,” y no había remedio para su caso en el poder humano. Parecía perdido el último vestigio de esperanza cuando el profeta Isaías se presentó ante él con el mensaje: “Jehová dice así: Ordena tu casa, porque tú morirás, y no vivirás.” Isaías 38:1.


La perspectiva parecía sombría en absoluto; y sin embargo podía el rey orar todavía a Aquel que había sido hasta entonces su “amparo y fortaleza,” su “pronto auxilio en las tribulaciones.” Salmos 46:1. Así que “volvió él su rostro a la pared, y oró a Jehová, y dijo: Ruégote, oh Jehová, ruégote hagas memoria de que he andado delante de ti en verdad e íntegro corazón, y que he hecho las cosas que te agradan. Y lloró Ezechías con gran lloro.” 2 Reyes 20:2, 3.


Desde los tiempos de David, no había reinado rey alguno que hubiese obrado tan poderosamente para la edificación del reino de Dios en un tiempo de apostasía y desaliento. El moribundo rey había servido fielmente a su Dios, y había fortalecido la confianza del pueblo en Jehová como su Gobernante supremo. Y, como David, podía ahora interceder así:


“Entre mi oración en tu presencia:

inclina tu oído a mi clamor.

Porque mi alma está harta de males,

y mi vida cercana al sepulcro.” Salmos 88:2, 3.


“Porque tú, oh Señor Jehová, eres mi esperanza:

Seguridad mía desde mi juventud.

Por ti he sido sustentado.” “No me deseches en el tiempo de la vejez.”

“Oh Dios, no te alejes de mí:

Dios mío, acude presto a mi socorro.”

“Oh Dios, no me desampares,

hasta que denuncie tu brazo a la posteridad,

tus valentías a todos los que han de venir.” Salmos 71:5, 6, 9, 12, 18.









Te invitamos a continuar con la lectura del día de mañana.







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