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Jueves 7 de Marzo de 2024.

  • Foto del escritor: Amado V FV
    Amado V FV
  • 7 mar 2024
  • 4 Min. de lectura

Jeremías 39 (RVR1960) El Deseado de todas las gentes.



Caída de Jerusalén

(2 R. 24.20—25.21; 2 Cr. 36.17-21; Jer. 52.3-30)


1 En el noveno año de Sedequías rey de Judá, en el mes décimo, vino Nabucodonosor rey de Babilonia con todo su ejército contra Jerusalén, y la sitiaron. 2 Y en el undécimo año de Sedequías, en el mes cuarto, a los nueve días del mes se abrió brecha en el muro de la ciudad. 3 Y entraron todos los príncipes del rey de Babilonia, y acamparon a la puerta de en medio: Nergal-sarezer, Samgar-nebo, Sarsequim el Rabsaris, Nergal-sarezer el Rabmag y todos los demás príncipes del rey de Babilonia. 4 Y viéndolos Sedequías rey de Judá y todos los hombres de guerra, huyeron y salieron de noche de la ciudad por el camino del huerto del rey, por la puerta entre los dos muros; y salió el rey por el camino del Arabá. 5 Pero el ejército de los caldeos los siguió, y alcanzaron a Sedequías en los llanos de Jericó; y le tomaron, y le hicieron subir a Ribla en tierra de Hamat, donde estaba Nabucodonosor rey de Babilonia, y le sentenció. 6 Y degolló el rey de Babilonia a los hijos de Sedequías en presencia de este en Ribla, haciendo asimismo degollar el rey de Babilonia a todos los nobles de Judá. 7 Y sacó los ojos del rey Sedequías, y le aprisionó con grillos para llevarle a Babilonia. 8 Y los caldeos pusieron a fuego la casa del rey y las casas del pueblo, y derribaron los muros de Jerusalén. 9 Y al resto del pueblo que había quedado en la ciudad, y a los que se habían adherido a él, con todo el resto del pueblo que había quedado, Nabuzaradán capitán de la guardia los transportó a Babilonia. 10 Pero Nabuzaradán capitán de la guardia hizo quedar en tierra de Judá a los pobres del pueblo que no tenían nada, y les dio viñas y heredades.


Nabucodonosor cuida de Jeremías


11 Y Nabucodonosor había ordenado a Nabuzaradán capitán de la guardia acerca de Jeremías, diciendo: 12 Tómale y vela por él, y no le hagas mal alguno, sino que harás con él como él te dijere. 13 Envió, por tanto, Nabuzaradán capitán de la guardia, y Nabusazbán el Rabsaris, Nergal-sarezer el Rabmag y todos los príncipes del rey de Babilonia; 14 enviaron entonces y tomaron a Jeremías del patio de la cárcel, y lo entregaron a Gedalías hijo de Ahicam, hijo de Safán, para que lo sacase a casa; y vivió entre el pueblo.

Dios promete librar a Ebed-melec

15 Y había venido palabra de Jehová a Jeremías, estando preso en el patio de la cárcel, diciendo: 16 Ve y habla a Ebed-melec etíope, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo traigo mis palabras sobre esta ciudad para mal, y no para bien; y sucederá esto en aquel día en presencia tuya. 17 Pero en aquel día yo te libraré, dice Jehová, y no serás entregado en manos de aquellos a quienes tú temes. 18 Porque ciertamente te libraré, y no caerás a espada, sino que tu vida te será por botín, porque tuviste confianza en mí, dice Jehová.


Comentario del Capitulo




Capítulo 15 En las bodas de Caná


En el primer banquete al cual asistió con sus discípulos, Jesús les dió la copa que simbolizaba su obra en favor de su salvación. En la última cena se la volvió a dar, en la institución de aquel rito sagrado por el cual su muerte había de ser conmemorada hasta que volviera.6 Y el pesar de los discípulos al tener que separarse de su Señor, quedó consolado por la promesa de reunirse que les hizo al decir: “No beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día, cuando lo tengo de beber nuevo con vosotros en el reino de mi Padre.”7 DTG 123.1

El vino que Jesús proveyó para la fiesta, y que dió a los discípulos como símbolo de su propia sangre, fué el jugo puro de uva. A esto se refiere el profeta Isaías cuando habla del “mosto en un racimo,” y dice: “No lo desperdicies, que bendición hay en él.”8 DTG 123.2

Fué Cristo quien dió en el Antiguo Testamento la advertencia a Israel: “El vino es escarnecedor, la cerveza alborotadora; y cualquiera que por ello errare, no será sabio.”9 Y él mismo no proveyó bebida tal. Satanás tienta a los hombres a ser intemperantes para que se enturbie su razón y se emboten sus percepciones espirituales, pero Cristo nos enseña a mantener sujeta la naturaleza inferior. Toda su vida fué un ejemplo de renunciamiento propio. A fin de dominar el poder del apetito, sufrió en nuestro favor la prueba más severa que la humanidad pudiese soportar. Cristo fué quien indicó que Juan el Bautista no debía beber ni vino ni bebida alcohólica. El fué quien ordenó abstinencia similar a la esposa de Manoa. Y él pronunció una maldición sobre el hombre que ofreciese la copa a los labios de su prójimo. Cristo no contradice su propia enseñanza. El vino sin fermentar que él proveyó a los huéspedes de la boda era una bebida sana y refrigerante. Su efecto consistía en poner al gusto en armonía con el apetito sano. DTG 123.3

Al observar los huéspedes la calidad del vino, las preguntas hechas a los criados provocaron de su parte una explicación del milagro. La compañía quedó por un momento demasiado asombrada para pensar en Aquel que había realizado esta obra maravillosa. Cuando al fin le buscaron, descubrieron que se había retirado tan quedamente que ni siquiera lo habían notado sus discípulos. DTG 123.4

La atención de la gente quedó entonces concentrada en los discípulos. Por primera vez, tuvieron oportunidad de confesar su fe en Jesús. Dijeron lo que habían visto y oído al lado del Jordán, y se encendió en muchos corazones la esperanza de que Dios había suscitado un libertador para su pueblo. Las nuevas del milagro se difundieron por toda aquella región, y llegaron hasta Jerusalén. Con nuevo interés, los sacerdotes y ancianos escudriñaron las profecías relativas a la venida de Cristo. Existía un ávido deseo de descubrir la misión de este nuevo maestro que de manera tan modesta aparecía entre la gente. DTG 124.1

Video Capitulo completo


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