Lunes 17 de Junio de 2024.
- Amado V FV
- 17 jun 2024
- 6 Min. de lectura
Amos 7 (RVR1960) El Deseado de todas las gentes.
Tres visiones de destrucción
1 Así me ha mostrado Jehová el Señor: He aquí, él criaba langostas cuando comenzaba a crecer el heno tardío; y he aquí era el heno tardío después de las siegas del rey. 2 Y aconteció que cuando acabó de comer la hierba de la tierra, yo dije: Señor Jehová, perdona ahora; ¿quién levantará a Jacob? porque es pequeño. 3 Se arrepintió Jehová de esto: No será, dijo Jehová.
4 Jehová el Señor me mostró así: He aquí, Jehová el Señor llamaba para juzgar con fuego; y consumió un gran abismo, y consumió una parte de la tierra. 5 Y dije: Señor Jehová, cesa ahora; ¿quién levantará a Jacob? porque es pequeño. 6 Se arrepintió Jehová de esto: No será esto tampoco, dijo Jehová el Señor.
7 Me enseñó así: He aquí el Señor estaba sobre un muro hecho a plomo, y en su mano una plomada de albañil. 8 Jehová entonces me dijo: ¿Qué ves, Amós? Y dije: Una plomada de albañil. Y el Señor dijo: He aquí, yo pongo plomada de albañil en medio de mi pueblo Israel; no lo toleraré más. 9 Los lugares altos de Isaac serán destruidos, y los santuarios de Israel serán asolados, y me levantaré con espada sobre la casa de Jeroboam.
Amós y Amasías
10 Entonces el sacerdote Amasías de Bet-el envió a decir a Jeroboam rey de Israel: Amós se ha levantado contra ti en medio de la casa de Israel; la tierra no puede sufrir todas sus palabras. 11 Porque así ha dicho Amós: Jeroboam morirá a espada, e Israel será llevado de su tierra en cautiverio. 12 Y Amasías dijo a Amós: Vidente, vete, huye a tierra de Judá, y come allá tu pan, y profetiza allá; 13 y no profetices más en Bet-el, porque es santuario del rey, y capital del reino.
14 Entonces respondió Amós, y dijo a Amasías: No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y recojo higos silvestres. 15 Y Jehová me tomó de detrás del ganado, y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo Israel. 16 Ahora, pues, oye palabra de Jehová. Tú dices: No profetices contra Israel, ni hables contra la casa de Isaac. 17 Por tanto, así ha dicho Jehová: Tu mujer será ramera en medio de la ciudad, y tus hijos y tus hijas caerán a espada, y tu tierra será repartida por suertes; y tú morirás en tierra inmunda, e Israel será llevado cautivo lejos de su tierra.
Comentario del Capitulo

Capítulo 38-39 Venid, reposad un poco
Este capítulo está basado en Mateo 14:1, 2, 12, 13; Marcos 6:30-32; Lucas 9:7-10.
Cerca de Betsaida, en el extremo septentrional del lago, había una región solitaria, entonces hermosamente cubierta por el fresco y verde tapiz de la primavera, y ofrecía un grato retiro a Jesús y sus discípulos. Se dirigieron hacia ese lugar, cruzando el agua con su bote. Allí estarían lejos de las vías de comunicación y del bullicio y agitación de la ciudad. Las escenas de la naturaleza eran en sí mismas un reposo, un cambio grato a los sentidos. Allí podrían ellos escuchar las palabras de Cristo sin oír las airadas interrupciones, las réplicas y acusaciones de los escribas y fariseos. Allí disfrutarían de unos cortos momentos de preciosa comunión en la compañía de su Señor. DTG 328.2
El descanso que Cristo y sus discípulos tomaron no era un descanso egoísta y complaciente. El tiempo que pasaron en retraimiento no lo dedicaron a buscar placeres. Conversaron de la obra de Dios y de la posibilidad de alcanzar mayor eficiencia en ella. Los discípulos habían estado con Jesús y podían comprenderle; no necesitaba hablarles en parábolas. El corrigió sus errores y les aclaró la mejor manera de acercarse a la gente. Les reveló más plenamente los preciosos tesoros de la verdad divina. Quedaron vivificados por el poder divino y llenos de esperanza y valor. DTG 328.3
Aunque Jesús podía realizar milagros y había dotado a sus discípulos del poder de realizarlos también, recomendó a sus cansados siervos que se apartasen al campo y descansasen. Cuando dijo que la mies era mucha, y pocos los obreros, no impuso a sus discípulos la necesidad de trabajar sin cesar, sino que dijo: “Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.”1 Dios ha asignado a cada uno su obra según su capacidad,2 y él no quiere que unos pocos estén recargados de responsabilidades, mientras que los otros no llevan ninguna carga, trabajo ni preocupación del alma. DTG 329.1
Las compasivas palabras de Cristo se dirigen a sus obreros actuales tanto como a sus discípulos de entonces. “Venid vosotros aparte, ... y reposad un poco,” dice aún a aquellos que están cansados y agobiados. No es prudente estar siempre bajo la tensión del trabajo y la excitación, aun mientras se atiendan las necesidades espirituales de los hombres; porque de esta manera se descuida la piedad personal y se agobian las facultades de la mente, del alma y del cuerpo. Se exige abnegación de los discípulos de Cristo y ellos deben hacer sacrificios; pero deben tener cuidado, no sea que por su exceso de celo, Satanás se aproveche de la debilidad humana y perjudique la obra de Dios. DTG 329.2
En la estima de los rabinos, era la suma de la religión estar siempre en un bullicio de actividad. Ellos querían manifestar su piedad superior por algún acto externo. Así separaban sus almas de Dios y se encerraban en la suficiencia propia. Existen todavía los mismos peligros. Al aumentar la actividad, si los hombres tienen éxito en ejecutar algún trabajo para Dios, hay peligro de que confíen en los planes y métodos humanos. Propenden a orar menos y a tener menos fe. Como los discípulos, corremos el riesgo de perder de vista cuánto dependemos de Dios y tratar de hacer de nuestra actividad un salvador. Necesitamos mirar constantemente a Jesús comprendiendo que es su poder lo que realiza la obra. Aunque hemos de trabajar fervorosamente para la salvación de los perdidos, también debemos tomar tiempo para la meditación, la oración y el estudio de la Palabra de Dios. Es únicamente la obra realizada con mucha oración y santificada por el mérito de Cristo, la que al fin habrá resultado eficaz para el bien. DTG 329.3
Ninguna vida estuvo tan llena de trabajo y responsabilidad como la de Jesús, y, sin embargo, cuán a menudo se le encontraba en oración. Cuán constante era su comunión con Dios. Repetidas veces en la historia de su vida terrenal, se encuentran relatos como éste: “Levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fué a un lugar desierto, y allí oraba.” “Y se juntaban muchas gentes a oír y ser sanadas de sus enfermedades. Mas él se apartaba a los desiertos, y oraba.” “Y aconteció en aquellos días, que fué al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.”3 DTG 330.1
En una vida completamente dedicada al beneficio ajeno, el Salvador hallaba necesario retirarse de los caminos muy transitados y de las muchedumbres que le seguían día tras día. Debía apartarse de una vida de incesante actividad y contacto con las necesidades humanas, para buscar retraimiento y comunión directa con su Padre. Como uno de nosotros, participante de nuestras necesidades y debilidades, dependía enteramente de Dios, y en el lugar secreto de oración, buscaba fuerza divina, a fin de salir fortalecido para hacer frente a los deberes y las pruebas. En un mundo de pecado, Jesús soportó luchas y torturas del alma. En la comunión con Dios, podía descargarse de los pesares que le abrumaban. Allí encontraba consuelo y gozo. DTG 330.2
En Cristo el clamor de la humanidad llegaba al Padre de compasión infinita. Como hombre, suplicaba al trono de Dios, hasta que su humanidad se cargaba de una corriente celestial que conectaba a la humanidad con la divinidad. Por medio de la comunión continua, recibía vida de Dios a fin de impartirla al mundo. Su experiencia ha de ser la nuestra. DTG 330.3
“Venid vosotros aparte,” nos invita. Si tan sólo escuchásemos su palabra, seríamos más fuertes y más útiles. Los discípulos buscaban a Jesús y le relataban todo; y él los estimulaba e instruía. Si hoy tomásemos tiempo para ir a Jesús y contarle nuestras necesidades, no quedaríamos chasqueados; él estaría a nuestra diestra para ayudarnos. Necesitamos más sencillez, más confianza en nuestro Salvador. Aquel cuyo nombre es “Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz;” Aquel de quien está escrito: “El dominio estará sobre su hombro,” es el Consejero Admirable. El nos ha invitado a que le pidamos sabiduría. Y la “da a todos abundantemente y no zahiere.”4 DTG 330.4
En todos los que reciben la preparación divina, debe revelarse una vida que no está en armonía con el mundo, sus costumbres o prácticas; y cada uno necesita tener experiencia personal en cuanto a obtener el conocimiento de la voluntad de Dios. Debemos oírle individualmente hablarnos al corazón. Cuando todas las demás voces quedan acalladas, y en la quietud esperamos delante de él, el silencio del alma hace más distinta la voz de Dios. Nos invita: “Estad quietos, y conoced que yo soy Dios.”5 Solamente allí puede encontrarse verdadero descanso. Y ésta es la preparación eficaz para todo trabajo que se haya de realizar para Dios. Entre la muchedumbre apresurada y el recargo de las intensas actividades de la vida, el alma que es así refrigerada quedará rodeada de una atmósfera de luz y de paz. La vida respirará fragancia, y revelará un poder divino que alcanzará a los corazones humanos.
Video Capitulo completo
Te invitamos a continuar con la lectura del día de mañana.






