Lunes 21 de Septiembre de 2026.
hace 2 días
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Salmo 45 (RVR1960) Profetas y Reyes
Cántico de las bodas del rey
Al músico principal; sobre Lirios. Masquil de los hijos de Coré. Canción de amores.
1 Rebosa mi corazón palabra buena;
Dirijo al rey mi canto;
Mi lengua es pluma de escribiente muy ligero.
2 Eres el más hermoso de los hijos de los hombres;
La gracia se derramó en tus labios;
Por tanto, Dios te ha bendecido para siempre.
3 Ciñe tu espada sobre el muslo, oh valiente,
Con tu gloria y con tu majestad.
4 En tu gloria sé prosperado;
Cabalga sobre palabra de verdad, de humildad y de justicia,
Y tu diestra te enseñará cosas terribles.
5 Tus saetas agudas,
Con que caerán pueblos debajo de ti,
Penetrarán en el corazón de los enemigos del rey.
6 Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre;
Cetro de justicia es el cetro de tu reino.
7 Has amado la justicia y aborrecido la maldad;
Por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo,
Con óleo de alegría más que a tus compañeros.
8 Mirra, áloe y casia exhalan todos tus vestidos;
Desde palacios de marfil te recrean.
9 Hijas de reyes están entre tus ilustres;
Está la reina a tu diestra con oro de Ofir.
10 Oye, hija, y mira, e inclina tu oído;
Olvida tu pueblo, y la casa de tu padre;
11 Y deseará el rey tu hermosura;
E inclínate a él, porque él es tu señor.
12 Y las hijas de Tiro vendrán con presentes;
Implorarán tu favor los ricos del pueblo.
13 Toda gloriosa es la hija del rey en su morada;
De brocado de oro es su vestido.
14 Con vestidos bordados será llevada al rey;
Vírgenes irán en pos de ella,
Compañeras suyas serán traídas a ti.
15 Serán traídas con alegría y gozo;
Entrarán en el palacio del rey.
16 En lugar de tus padres serán tus hijos,
A quienes harás príncipes en toda la tierra.
17 Haré perpetua la memoria de tu nombre en todas las generaciones,
Por lo cual te alabarán los pueblos eternamente y para siempre.
Comentario del Capitulo

Capítulo 35—La condenación inminente
Cuando los corazones de los hombres estén enternecidos y subyugados por la influencia constreñidora del Espíritu Santo, escucharán los consejos; pero cuando se desvían de la amonestación al punto de endurecer su corazón, el Señor permite que los conduzcan otras influencias. Al rehusar la verdad, aceptan la mentira, que resulta en una trampa para destruirlos.
Dios había suplicado a los de Judá que no le provocasen a ira, pero no le habían escuchado. Finalmente pronunció la sentencia contra ellos. Iban a ser llevados cautivos a Babilonia. Los caldeos serían empleados como instrumento por medio del cual Dios iba a castigar a su pueblo desobediente. Los sufrimientos de los hombres de Judá iban a ser proporcionales a la luz que habían tenido, y a las amonestaciones que habían despreciado y rechazado. Durante mucho tiempo Dios había demorado sus castigos; pero ahora su desagrado iba a caer sobre ellos, como último esfuerzo para detenerlos en su carrera impía.
Sobre la casa de los recabitas fué pronunciada una bendición perdurable. El profeta declaró: “Porque obedecisteis al mandamiento de Jonadab vuestro padre, y guardasteis todos sus mandamientos, e hicisteis conforme a todas las cosas que os mandó; por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: No faltará varón de Jonadab, hijo de Rechab, que esté en mi presencia todos los días.” Jeremías 35:18, 19. Dios enseñó así a su pueblo que la fidelidad y la obediencia reflejarían bendición sobre Judá, así como los recabitas eran bendecidos por la obediencia que rendían a la orden de su padre.
La lección es para nosotros también. Si los requerimientos de un padre bueno y sabio, que recurrió a los medios mejores y más eficaces para proteger a su posteridad de los males de la intemperancia, eran dignos de ser obedecidos estrictamente, la autoridad de Dios debe tenerse ciertamente en reverencia tanto mayor por cuanto él es más santo que el hombre. Nuestro Creador y nuestro Comandante, infinito en poder, terrible en el juicio, procura por todos los medios inducir a los hombres a ver sus pecados y a arrepentirse de ellos. Por boca de sus siervos, predice los peligros de la desobediencia; deja oír la nota de advertencia, y reprende fielmente el pecado. Sus hijos conservan la prosperidad tan sólo por su misericordia, y gracias al cuidado vigilante de instrumentos escogidos. El no puede sostener y guardar a un pueblo que rechaza sus consejos y desprecia sus reprensiones. Demorará tal vez por un tiempo sus castigos; pero no puede detener su mano para siempre.
Los hijos de Judá se contaban entre aquellos acerca de quienes Dios había declarado: “Y vosotros seréis mi reino de sacerdotes, y gente santa.” Éxodo 19:6. Nunca, durante su ministerio, se olvidó Jeremías de la importancia vital que tiene la santidad del corazón en las variadas relaciones de la vida, y especialmente en el servicio del Dios altísimo. Previó claramente la caída del reino y la dispersión de los habitantes de Judá entre las naciones; pero con el ojo de la fe miró más allá de todo esto, hacia los tiempos de la restauración. Repercutía en sus oídos la promesa divina: “Yo mismo recogeré el resto de mi rebaño de todos los países a donde las he echado, y las haré volver a sus rediles... He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré para David un Vástago justo, el cual reinará como rey, y prosperará; y ejecutará juicio y justicia en la tierra. En sus días Judá será salvo, e Israel habitará seguro; y éste es su nombre con el cual será apellidado: JEHOVÁ, JUSTICIA NUESTRA.” Jeremías 23:3-6 (VM).
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