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Martes 22 de Septiembre de 2026.

hace 11 minutos
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Salmo 46 (RVR1960) Profetas y Reyes



Dios es nuestro amparo y fortaleza

Al músico principal; de los hijos de Coré. Salmo sobre Alamot.

1 Dios es nuestro amparo y fortaleza,


Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.


2 Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida,


Y se traspasen los montes al corazón del mar;


3 Aunque bramen y se turben sus aguas,


Y tiemblen los montes a causa de su braveza. Selah


4 Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios,


El santuario de las moradas del Altísimo.


5 Dios está en medio de ella; no será conmovida.


Dios la ayudará al clarear la mañana.


6 Bramaron las naciones, titubearon los reinos;


Dio él su voz, se derritió la tierra.


7 Jehová de los ejércitos está con nosotros;


Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah


8 Venid, ved las obras de Jehová,


Que ha puesto asolamientos en la tierra.


9 Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra.


Que quiebra el arco, corta la lanza,


Y quema los carros en el fuego.


10 Estad quietos, y conoced que yo soy Dios;


Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.


11 Jehová de los ejércitos está con nosotros;


Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah


Comentario del Capitulo





Capítulo 35—La condenación inminente


Como la música más dulce, estas promesas de liberación caían en oídos de aquellos que eran firmes en su adoración de Jehová. En los hogares de encumbrados y humildes, donde los consejos de un Dios observador del pacto seguían siendo objeto de reverencia, las palabras del profeta se repetían una y otra vez. Los niños mismos se conmovían hondamente y en sus mentes juveniles y receptivas se hacían impresiones duraderas.


Fué una observancia concienzuda de las órdenes de la Sagrada Escritura lo que en tiempos del ministerio de Jeremías dió a Daniel y a sus compañeros oportunidades de ensalzar al Dios verdadero ante las naciones de la tierra. La instrucción que estos niños hebreos habían recibido en el hogar de sus padres los hizo fuertes en la fe y constantes en el servicio que rendían al Dios viviente, Creador de los cielos y de la tierra. Cuando, al principio del reinado de Joaquim, Nabucodonosor sitió por primera vez a Jerusalén y la tomó, se llevó a Daniel y a sus compañeros, juntamente con otros especialmente escogidos para el servicio de la corte babilónica; y la fe de los cautivos hebreos fué probada hasta lo sumo. Pero los que habían aprendido a poner su confianza en las promesas de Dios hallaron que éstas bastaban para todo lo que eran llamados a soportar durante su estada en una tierra extraña. Las Escrituras resultaron ser su guía y apoyo.


Como intérprete del significado de los juicios que empezaban a caer sobre Judá, Jeremías se mantuvo noblemente en defensa de la justicia de Dios y de sus designios misericordiosos aun en los castigos más severos. El profeta trabajaba incansablemente. Deseoso de alcanzar a todas las clases, extendió la esfera de su influencia más allá de Jerusalén a las regiones circundantes mediante frecuentes visitas a varias partes del reino.


En los testimonios que daba a la congregación, Jeremías se refería constantemente a las enseñanzas del libro de la ley que había sido tan honrado y exaltado durante el reinado de Josías. Recalcó nuevamente la importancia que tenía el estar en pacto con el Ser misericordioso y compasivo que desde las alturas del Sinaí había pronunciado los preceptos del Decálogo. Las palabras de amonestación y súplica que dejaba oír Jeremías llegaban a todas las partes del reino, y todos tuvieron oportunidad de conocer la voluntad de Dios concerniente a la nación.


El profeta recalcó el hecho de que nuestro Padre celestial permite que sus juicios caigan a fin de que “conozcan las gentes que son no más que hombres.” Salmos 9:20. El Señor había advertido de antemano así a su pueblo: “Y si anduviereis conmigo en oposición, y no me quisiereis oir, ... os esparciré por las gentes, y desenvainaré espada en pos de vosotros: y vuestra tierra estará asolada, y yermas vuestras ciudades.” Levítico 26:21, 33.








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