Lunes 23 de Marzo de 2026.
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1 Crónicas 3 (RVR1960) Patriarcas y Profetas
Los hijos de David
(2 S. 3.2-5; 5.13-16; 1 Cr. 14.3-7)
1 Estos son los hijos de David que le nacieron en Hebrón: Amnón el primogénito, de Ahinoam jezreelita; el segundo, Daniel, de Abigail la de Carmel; 2 el tercero, Absalón hijo de Maaca, hija de Talmai rey de Gesur; el cuarto, Adonías hijo de Haguit; 3 el quinto, Sefatías, de Abital; el sexto, Itream, de Egla su mujer. 4 Estos seis le nacieron en Hebrón, donde reinó siete años y seis meses; y en Jerusalén reinó treinta y tres años. 5 Estos cuatro le nacieron en Jerusalén: Simea, Sobab, Natán, y Salomón hijo de Bet-súa hija de Amiel. 6 Y otros nueve: Ibhar, Elisama, Elifelet, 7 Noga, Nefeg, Jafía, 8 Elisama, Eliada y Elifelet. 9 Todos estos fueron los hijos de David, sin los hijos de las concubinas. Y Tamar fue hermana de ellos.
Descendientes de Salomón
10 Hijo de Salomón fue Roboam, cuyo hijo fue Abías, del cual fue hijo Asa, cuyo hijo fue Josafat, 11 de quien fue hijo Joram, cuyo hijo fue Ocozías, hijo del cual fue Joás, 12 del cual fue hijo Amasías, cuyo hijo fue Azarías, e hijo de este, Jotam. 13 Hijo de este fue Acaz, del que fue hijo Ezequías, cuyo hijo fue Manasés, 14 del cual fue hijo Amón, cuyo hijo fue Josías. 15 Y los hijos de Josías: Johanán su primogénito, el segundo Joacim, el tercero Sedequías, el cuarto Salum. 16 Los hijos de Joacim: Jeconías su hijo, hijo del cual fue Sedequías. 17 Y los hijos de Jeconías: Asir, Salatiel, 18 Malquiram, Pedaías, Senazar, Jecamías, Hosama y Nedabías. 19 Los hijos de Pedaías: Zorobabel y Simei. Y los hijos de Zorobabel: Mesulam, Hananías, y Selomit su hermana; 20 y Hasuba, Ohel, Berequías, Hasadías y Jusab-hesed; cinco por todos. 21 Los hijos de Hananías: Pelatías y Jesaías; su hijo, Refaías; su hijo, Arnán; su hijo, Abdías; su hijo, Secanías. 22 Hijo de Secanías fue Semaías; y los hijos de Semaías: Hatús, Igal, Barías, Nearías y Safat, seis. 23 Los hijos de Nearías fueron estos tres: Elioenai, Ezequías y Azricam. 24 Los hijos de Elioenai fueron estos siete: Hodavías, Eliasib, Pelaías, Acub, Johanán, Dalaías y Anani.
Comentario del Capitulo

Capítulo 70 El reinado de David
Pero “cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió su mano hacia el Arca de Dios y la sostuvo, pues los bueyes tropezaban. Entonces el furor de Jehová se encendió contra Uza: allí mismo lo hirió Dios por aquella temeridad, y cayó allí muerto junto al Arca de Dios”. 2 Samuel 6:6, 7.
Un temor repentino se apoderó de la regocijada multitud. David se asombró y alarmó, y en su corazón puso en tela de juicio la justicia de Dios. Él procuraba honrar el arca como símbolo de la presencia divina. ¿Por qué, entonces, se había mandado aquel terrible castigo para que cambiara la escena de alegría en una ocasión de dolor y luto? Creyendo que sería peligroso tener el arca cerca de sí mismo, David resolvió dejarla donde estaba. Se encontró un lugar en las cercanías, en la casa del geteo Obed-edom.
La suerte de Uza fue un castigo divino por la violación de un mandamiento muy explícito. Por medio de Moisés el Señor había dado instrucciones especiales acerca de cómo transportar el arca. Únicamente los sacerdotes, descendientes de Aarón, podían tocarla, o aun mirarla descubierta. El mandamiento divino era el siguiente: “Vendrán [...] los hijos de Coat para conducir: mas no tocarán cosa santa, que morirán”. Números 4:15. Los sacerdotes debían cubrir el arca, y luego los coatitas debían levantarla mediante los palos que pasaban por los anillos de cada lado del arca, y que nunca se quitaban. A los hijos de Gersón y de Merari, que tenían a su cargo las cortinas y las tablas y los pilares del tabernáculo, Moisés les dio carretas y bueyes para que transportaran en éstas lo que se les había encomendado a ellos. “Pero a los hijos de Coat no les dio, porque tenían que llevar sobre sus hombros los objetos más santos”. Números 7:9. Así al traer el arca de Kiriat-jearim se habían pasado por alto en forma directa e inexcusable la instrucción del Señor.
David y su pueblo se habían congregado para llevar a cabo una obra sagrada, y la habían emprendido con corazón alegre y voluntario; pero el Señor no podía aceptar el servicio, porque no se cumplía de acuerdo con sus instrucciones. Los filisteos, que no conocían la ley de Dios, habían puesto el arca sobre una carreta cuando la devolvieron a Israel, y el Señor aceptó el esfuerzo que ellos habían hecho. Pero los israelitas tenían en sus manos una declaración precisa de lo que Dios quería en estos asuntos, y al descuidar estas instrucciones deshonraban a Dios.
Uza incurrió en la culpa mayor de presunción. Al transgredir la ley de Dios había aminorado su sentido de la santidad de ella, y con sus pecados inconfesos, a pesar de la prohibición divina, había presumido tocar el símbolo de la presencia de Dios. Dios no puede aceptar una obediencia parcial ni una conducta negligente con respecto a sus mandamientos. Mediante el castigo infligido a Uza, quiso hacer comprender a todo Israel cuán importante es dar estricta obediencia a sus requisitos. Así la muerte de ese solo hombre, al guiar al pueblo a arrepentirse, había de evitar la necesidad de aplicar castigos a miles.
Al ver caer a Uza, David, reconociendo que su propio corazón no estaba del todo en armonía con Dios, tuvo temor al arca, no sea que alguno de sus pecados le acarreara castigos. Pero Obed-edom, aunque se alegró temblando, dio la bienvenida al sagrado símbolo como garantía del favor de Dios a los obedientes. La atención de todo Israel se dirigió ahora hacia el geteo y su casa, para observar cómo les iría con el arca. “Y bendijo Jehová a Obed-edom y a toda su casa”.
La reprensión divina realizó su obra en David. Lo indujo a comprender como nunca antes la santidad de la ley de Dios, y la necesidad de obedecerla estrictamente. El favor manifestado a la casa de Obed-edom infundió nuevamente en David la esperanza de que el arca pudiera reportarle bendiciones a él y a su pueblo.
Al cabo de tres meses, decidió hacer un nuevo esfuerzo para transportar el arca, y esta vez tuvo especial cuidado de cumplir en todo detalle las instrucciones del Señcr. Volvió a convocar a todos los hombres principales de la nación, y una congregación enorme se reunió alrededor de la morada del geteo. Con cuidado reverente se colocó el arca en los hombros de personas divinamente designadas; la multitud se puso en fila, y con corazones temblorosos los que participaban en la vasta procesión se pusieron en marcha. Cuando habían andado seis pasos, sonaba la trompeta mandando hacer alto. Por orden de David, se habían de ofrecer “un buey y un carnero engordado”. El regocijo reinaba en lugar del temor entre la multitud. El rey había puesto a un lado los hábitos regios, y se había vestido de un efod de lino sencillo, como el que llevaban los sacerdotes. No quería indicar por este acto que asumía las funciones sacerdotales, pues el efod era llevado a veces por otras personas además de los sacerdotes. Pero en este santo servicio tomaba su lugar, ante Dios, en igualdad de condiciones con sus súbditos. En ese día debía adorarse a Jehová. Era el único que debía recibir reverencia.
Nuevamente el largo séquito se puso en movimiento, y flotó hacia el cielo la música de arpas y cornetas, de trompetas y címbalos, fusionada con la melodía de una multitud de voces. En su regocijo, David “danzaba con todas sus fuerzas delante de Jehová”, al compás de la música.
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