Lunes 29 de Abril de 2024.
- Amado V FV
- 29 abr 2024
- 3 Min. de lectura
Ezequiel 35 (RVR1960) El Deseado de todas las gentes.
Profecía contra el monte de Seir
1 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 2 Hijo de hombre, pon tu rostro hacia el monte de Seir, y profetiza contra él, 3 y dile: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo estoy contra ti, oh monte de Seir, y extenderé mi mano contra ti, y te convertiré en desierto y en soledad. 4 A tus ciudades asolaré, y tú serás asolado; y sabrás que yo soy Jehová. 5 Por cuanto tuviste enemistad perpetua, y entregaste a los hijos de Israel al poder de la espada en el tiempo de su aflicción, en el tiempo extremadamente malo, 6 por tanto, vivo yo, dice Jehová el Señor, que a sangre te destinaré, y sangre te perseguirá; y porque la sangre no aborreciste, sangre te perseguirá. 7 Y convertiré al monte de Seir en desierto y en soledad, y cortaré de él al que vaya y al que venga. 8 Y llenaré sus montes de sus muertos; en tus collados, en tus valles y en todos tus arroyos, caerán muertos a espada. 9 Yo te pondré en asolamiento perpetuo, y tus ciudades nunca más se restaurarán; y sabréis que yo soy Jehová.
10 Por cuanto dijiste: Las dos naciones y las dos tierras serán mías, y tomaré posesión de ellas; estando allí Jehová; 11 por tanto, vivo yo, dice Jehová el Señor, yo haré conforme a tu ira, y conforme a tu celo con que procediste, a causa de tus enemistades con ellos; y seré conocido en ellos, cuando te juzgue. 12 Y sabrás que yo Jehová he oído todas tus injurias que proferiste contra los montes de Israel, diciendo: Destruidos son, nos han sido dados para que los devoremos. 13 Y os engrandecisteis contra mí con vuestra boca, y multiplicasteis contra mí vuestras palabras. Yo lo oí. 14 Así ha dicho Jehová el Señor: Para que toda la tierra se regocije, yo te haré una desolación. 15 Como te alegraste sobre la heredad de la casa de Israel, porque fue asolada, así te haré a ti; asolado será el monte de Seir, y todo Edom, todo él; y sabrán que yo soy Jehová.
Comentario del Capitulo

Capítulo 27 Puedes limpiarme
Y además, se preguntaba si Cristo le sanaría a él. ¿Se rebajaría hasta fijarse en un ser de quien se creía que estaba sufriendo un castigo de Dios? ¿No haría como los fariseos y aun los médicos, es decir, pronunciar una maldición sobre él, y amonestarle a huir de las habitaciones de los hombres? Reflexionó en todo lo que se le había dicho de Jesús. Ninguno de los que habían pedido su ayuda había sido rechazado. El pobre hombre resolvió encontrar al Salvador. Aunque no podía penetrar en las ciudades, tal vez llegase a cruzar su senda en algún atajo de los caminos de la montaña, o le hallase mientras enseñaba en las afueras de algún pueblo. Las dificultades eran grandes, pero ésta era su única esperanza. DTG 228.1
El leproso fué guiado al Salvador. Jesús estaba enseñando a orillas del lago, y la gente se había congregado en derredor de él. De pie a lo lejos, el leproso alcanzó a oír algunas palabras de los labios del Salvador. Le vió poner sus manos sobre los enfermos. Vió a los cojos, los ciegos, los paralíticos y los que estaban muriendo de diversas enfermedades, levantarse sanos, alabando a Dios por su liberación. La fe se fortaleció en su corazón. Se acercó más y más a la muchedumbre. Las restricciones que le eran impuestas, la seguridad de la gente, y el temor con que todos le miraban, todo fué olvidado. Pensaba tan sólo en la bendita esperanza de la curación. DTG 228.2
Presentaba un espectáculo repugnante. La enfermedad había hecho terribles estragos; su cuerpo decadente ofrecía un aspecto horrible. Al verle, la gente retrocedía con terror. Se agolpaban unos sobre otros, en su ansiedad de escapar de todo contacto con él. Algunos trataban de evitar que se acercara a Jesús, pero en vano. El ni los veía ni los oía. No percibía tampoco sus expresiones de horror. Veía tan sólo al Hijo de Dios. Oía únicamente la voz que infundía vida a los moribundos. Acercándose con esfuerzo a Jesús, se echó a sus pies clamando: “Señor, si quieres, puedes limpiarme.” DTG 228.3
Jesús replicó: “Quiero: sé limpio,” y puso la mano sobre él. DTG 228.4
Inmediatamente se realizó una transformación en el leproso. Su carne se volvió sana, los nervios recuperaron la sensibilidad, los músculos, la firmeza. La superficie tosca y escamosa, propia de la lepra, desapareció, y la reemplazó un suave color rosado como el que se nota en la piel de un niño sano. DTG 228.5
Video Capitulo completo
Te invitamos a continuar con la lectura del día de mañana.






