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Martes 18 de Agosto de 2026.

  • hace 7 días
  • 3 min de lectura

Salmo 11 (RVR1960) Profetas y Reyes



El refugio del justo

Al músico principal. Salmo de David.

1 En Jehová he confiado;


¿Cómo decís a mi alma,


Que escape al monte cual ave?


2 Porque he aquí, los malos tienden el arco,


Disponen sus saetas sobre la cuerda,


Para asaetear en oculto a los rectos de corazón.


3 Si fueren destruidos los fundamentos,


¿Qué ha de hacer el justo?


4 Jehová está en su santo templo;


Jehová tiene en el cielo su trono;


Sus ojos ven, sus párpados examinan a los hijos de los hombres.


5 Jehová prueba al justo;


Pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece.


6 Sobre los malos hará llover calamidades;


Fuego, azufre y viento abrasador será la porción del cáliz de ellos.


7 Porque Jehová es justo, y ama la justicia;


El hombre recto mirará su rostro.


Comentario del Capitulo






Capítulo 27—Acaz


Durante la apostasía de Judá e Israel, muchos preguntaban: “¿Con qué prevendré a Jehová, y adoraré al alto Dios? ¿vendré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Agradaráse Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite?” La respuesta es clara y positiva: “Oh hombre, él te ha declarado qué sea lo bueno, y qué pida de ti Jehová: solamente hacer juicio, y amar misericordia, y humillarte para andar con tu Dios.” Miqueas 6:6-8.


Al insistir en el valor de la piedad práctica, el profeta estaba tan sólo repitiendo el consejo dado a Israel siglos antes. Por medio de Moisés, mientras estaban los israelitas a punto de entrar en la tierra prometida, el Señor les había dicho: “Ahora pues, Israel, ¿qué pide Jehová tu Dios de ti, sino que temas a Jehová tu Dios, que andes en todos sus caminos, y que lo ames, y sirvas a Jehová tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma; que guardes los mandamientos de Jehová y sus estatutos, que yo te prescribo hoy, para que hayas bien?” Deuteronomio 10:12, 13. De siglo en siglo estos consejos fueron repetidos por los siervos de Jehová a los que estaban en peligro de caer en hábitos de formalismo, y de olvidarse de practicar la misericordia. Cuando Cristo mismo, durante su ministerio terrenal, fué interrogado así por un doctor de la ley: “Maestro, ¿cuál es el mandamiento grande en la ley?” le contestó: “Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de toda tu mente. Este es el primero y el grande mandamiento. Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.” Mateo 22:36-40.


Estas claras expresiones de los profetas y del Maestro mismo deben ser recibidas como voz del Cielo para toda alma. No debemos desperdiciar oportunidad alguna de cumplir actos de misericordia, de tierna prevención y cortesía cristiana en favor de los cargados y oprimidos. Si nos es imposible hacer más, podemos dirigir palabras de aliento y esperanza a los que no conocen a Dios y a quienes podemos alcanzar con más facilidad mediante la simpatía y el amor.


Ricas y abundantes son las promesas hechas a los que se mantienen alerta para ver las oportunidades de infundir gozo y bendición en la vida ajena. “Y si derramares tu alma al hambriento, y saciares el alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el medio día; y Jehová te pastoreará siempre, y en las sequías hartará tu alma, y engordará tus huesos; y serás como huerta de riego, y como manadero de aguas, cuyas aguas nunca faltan.” Isaías 58:10, 11.


La conducta idólatra de Acaz, frente a las súplicas fervientes de los profetas, no podía tener sino un resultado. “La ira de Jehová ha venido sobre Judá y Jerusalem, y los ha entregado a turbación, y a execración y escarnio.” 2 Crónicas 29:8. El reino sufrió una decadencia acelerada, y pronto su misma existencia quedó amenazada por ejércitos invasores. “Resín rey de Siria, y Peka hijo de Remalías rey de Israel, subieron a Jerusalem para hacer guerra, y cercar a Achaz.” 2 Reyes 16:5.


Si Acaz y los hombres principales de su reino hubiesen sido fieles siervos del Altísimo, no se habrían amedrentado frente a una alianza tan antinatural como la que se había formado contra ellos. Pero las repetidas transgresiones los habían privado de fuerza. Dominados por el espanto sin nombre que sentían al pensar en los juicios retributivos de un Dios ofendido, “estremeciósele el corazón, y el corazón de su pueblo, como se estremecen los árboles del monte a causa del viento.” Isaías 7:2. En esta crisis, llegó la palabra del Señor a Isaías para ordenarle que se presentase ante el tembloroso rey y le dijese.








Te invitamos a continuar con la lectura del día de mañana.







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