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Martes 25 de Agosto de 2026.

  • hace 18 horas
  • 5 min de lectura

Salmo 18 (RVR1960) Profetas y Reyes



Acción de gracias por la victoria

(2 S. 22.1-51)

Al músico principal. Salmo de David, siervo de Jehová, el cual dirigió a Jehová las palabras de este cántico el día que le libró Jehová de mano de todos sus enemigos, y de mano de Saúl. Entonces dijo:

1 Te amo, oh Jehová, fortaleza mía.


2 Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador;


Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré;


Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio.


3 Invocaré a Jehová, quien es digno de ser alabado,


Y seré salvo de mis enemigos.


4 Me rodearon ligaduras de muerte,


Y torrentes de perversidad me atemorizaron.


5 Ligaduras del Seol me rodearon,


Me tendieron lazos de muerte.


6 En mi angustia invoqué a Jehová,


Y clamé a mi Dios.


Él oyó mi voz desde su templo,


Y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos.


7 La tierra fue conmovida y tembló;


Se conmovieron los cimientos de los montes,


Y se estremecieron, porque se indignó él.


8 Humo subió de su nariz,


Y de su boca fuego consumidor;


Carbones fueron por él encendidos.


9 Inclinó los cielos, y descendió;


Y había densas tinieblas debajo de sus pies.


10 Cabalgó sobre un querubín, y voló;


Voló sobre las alas del viento.


11 Puso tinieblas por su escondedero, por cortina suya alrededor de sí;


Oscuridad de aguas, nubes de los cielos.


12 Por el resplandor de su presencia, sus nubes pasaron;


Granizo y carbones ardientes.


13 Tronó en los cielos Jehová,


Y el Altísimo dio su voz;


Granizo y carbones de fuego.


14 Envió sus saetas, y los dispersó;


Lanzó relámpagos, y los destruyó.


15 Entonces aparecieron los abismos de las aguas,


Y quedaron al descubierto los cimientos del mundo,


A tu reprensión, oh Jehová,


Por el soplo del aliento de tu nariz.


16 Envió desde lo alto; me tomó,


Me sacó de las muchas aguas.


17 Me libró de mi poderoso enemigo,


Y de los que me aborrecían; pues eran más fuertes que yo.


18 Me asaltaron en el día de mi quebranto,


Mas Jehová fue mi apoyo.


19 Me sacó a lugar espacioso;


Me libró, porque se agradó de mí.


20 Jehová me ha premiado conforme a mi justicia;


Conforme a la limpieza de mis manos me ha recompensado.


21 Porque yo he guardado los caminos de Jehová,


Y no me aparté impíamente de mi Dios.


22 Pues todos sus juicios estuvieron delante de mí,


Y no me he apartado de sus estatutos.


23 Fui recto para con él, y me he guardado de mi maldad,


24 Por lo cual me ha recompensado Jehová conforme a mi justicia;


Conforme a la limpieza de mis manos delante de su vista.


25 Con el misericordioso te mostrarás misericordioso,


Y recto para con el hombre íntegro.


26 Limpio te mostrarás para con el limpio,


Y severo serás para con el perverso.


27 Porque tú salvarás al pueblo afligido,


Y humillarás los ojos altivos.


28 Tú encenderás mi lámpara;


Jehová mi Dios alumbrará mis tinieblas.


29 Contigo desbarataré ejércitos,


Y con mi Dios asaltaré muros.


30 En cuanto a Dios, perfecto es su camino,


Y acrisolada la palabra de Jehová;


Escudo es a todos los que en él esperan.


31 Porque ¿quién es Dios sino solo Jehová?


¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios?


32 Dios es el que me ciñe de poder,


Y quien hace perfecto mi camino;


33 Quien hace mis pies como de ciervas,


Y me hace estar firme sobre mis alturas;


34 Quien adiestra mis manos para la batalla,


Para entesar con mis brazos el arco de bronce.


35 Me diste asimismo el escudo de tu salvación;


Tu diestra me sustentó,


Y tu benignidad me ha engrandecido.


36 Ensanchaste mis pasos debajo de mí,


Y mis pies no han resbalado.


37 Perseguí a mis enemigos, y los alcancé,


Y no volví hasta acabarlos.


38 Los herí de modo que no se levantasen;


Cayeron debajo de mis pies.


39 Pues me ceñiste de fuerzas para la pelea;


Has humillado a mis enemigos debajo de mí.


40 Has hecho que mis enemigos me vuelvan las espaldas,


Para que yo destruya a los que me aborrecen.


41 Clamaron, y no hubo quien salvase;


Aun a Jehová, pero no los oyó.


42 Y los molí como polvo delante del viento;


Los eché fuera como lodo de las calles.


43 Me has librado de las contiendas del pueblo;


Me has hecho cabeza de las naciones;


Pueblo que yo no conocía me sirvió.


44 Al oír de mí me obedecieron;


Los hijos de extraños se sometieron a mí.


45 Los extraños se debilitaron


Y salieron temblando de sus encierros.


46 Viva Jehová, y bendita sea mi roca,


Y enaltecido sea el Dios de mi salvación;


47 El Dios que venga mis agravios,


Y somete pueblos debajo de mí;


48 El que me libra de mis enemigos,


Y aun me eleva sobre los que se levantan contra mí;


Me libraste de varón violento.


49 Por tanto yo te confesaré entre las naciones, oh Jehová,


Y cantaré a tu nombre.


50 Grandes triunfos da a su rey,


Y hace misericordia a su ungido,


A David y a su descendencia, para siempre.


Comentario del Capitulo





Capítulo 29—Los embajadores de Babilonia


El profeta contestó: “Esta señal tendrás de Jehová, de que hará Jehová esto que ha dicho: ¿Avanzará la sombra diez grados, o retrocederá diez grados? Y Ezechías respondió: Fácil cosa es que la sombra decline diez grados: pero, que la sombra vuelva atrás diez grados.”


Únicamente por intervención divina podía la sombra del cuadrante retroceder diez grados; y un suceso tal sería para Ezequías indicio de que el Señor había oído su oración. Por consiguiente, “el profeta Isaías clamó a Jehová; e hizo volver la sombra por los grados que había descendido en el reloj de Achaz, diez grados atrás.” Vers. 8-11.


Habiendo recobrado su fuerza, el rey de Judá reconoció en las palabras de un himno la misericordia de Jehová y prometió dedicar los años restantes de su vida a servir voluntariamente al Rey de reyes. Su reconocimiento agradecido de la forma compasiva en que Dios le había tratado resulta inspirador para todos los que deseen dedicar sus años a la gloria de su Hacedor:


“Yo dije: En el medio de mis días,

iré a las puertas del sepulcro:

Privado soy del resto de mis años.

Dije: No veré a Jah, a Jah en la tierra de los que viven:

Ya no veré más hombre con los moradores del mundo.

Mi morada ha sido movida y traspasada de mí,


como tienda de pastor.

Como el tejedor corté mi vida;

cortaráme con la enfermedad;

me consumirás entre el día y la noche.

Contaba yo hasta la mañana.

Como un león molió todos mis huesos:

De la mañana a la noche me acabarás.

Como la grulla y como la golondrina me quejaba;

gemía como la paloma, alzaba en alto mis ojos:

Jehová, violencia padezco; confórtame.








Te invitamos a continuar con la lectura del día de mañana.







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