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Martes 25 de Junio de 2024.

  • Foto del escritor: Amado V FV
    Amado V FV
  • 25 jun 2024
  • 5 Min. de lectura

Miqueas 1 (RVR1960) El Deseado de todas las gentes.



Lamento sobre Samaria y Jerusalén

1 Palabra de Jehová que vino a Miqueas de Moreset en días de Jotam, Acaz y Ezequías, reyes de Judá; lo que vio sobre Samaria y Jerusalén.


2 Oíd, pueblos todos; está atenta, tierra, y cuanto hay en ti; y Jehová el Señor, el Señor desde su santo templo, sea testigo contra vosotros. 3 Porque he aquí, Jehová sale de su lugar, y descenderá y hollará las alturas de la tierra. 4 Y se derretirán los montes debajo de él, y los valles se hendirán como la cera delante del fuego, como las aguas que corren por un precipicio. 5 Todo esto por la rebelión de Jacob, y por los pecados de la casa de Israel. ¿Cuál es la rebelión de Jacob? ¿No es Samaria? ¿Y cuáles son los lugares altos de Judá? ¿No es Jerusalén? 6 Haré, pues, de Samaria montones de ruinas, y tierra para plantar viñas; y derramaré sus piedras por el valle, y descubriré sus cimientos. 7 Y todas sus estatuas serán despedazadas, y todos sus dones serán quemados en fuego, y asolaré todos sus ídolos; porque de dones de rameras los juntó, y a dones de rameras volverán.


8 Por esto lamentaré y aullaré, y andaré despojado y desnudo; haré aullido como de chacales, y lamento como de avestruces. 9 Porque su llaga es dolorosa, y llegó hasta Judá; llegó hasta la puerta de mi pueblo, hasta Jerusalén. 10 No lo digáis en Gat, ni lloréis mucho; revuélcate en el polvo de Bet-le-afra. 11 Pásate, oh morador de Safir, desnudo y con vergüenza; el morador de Zaanán no sale; el llanto de Betesel os quitará su apoyo. 12 Porque los moradores de Marot anhelaron ansiosamente el bien; pues de parte de Jehová el mal había descendido hasta la puerta de Jerusalén. 13 Uncid al carro bestias veloces, oh moradores de Laquis, que fuisteis principio de pecado a la hija de Sion; porque en vosotros se hallaron las rebeliones de Israel. 14 Por tanto, vosotros daréis dones a Moreset-gat; las casas de Aczib serán para engaño a los reyes de Israel. 15 Aun os traeré nuevo poseedor, oh moradores de Maresa; la flor de Israel huirá hasta Adulam. 16 Ráete y trasquílate por los hijos de tus delicias; hazte calvo como águila, porque en cautiverio se fueron de ti.


Comentario del Capitulo




Capítulo 40-41 Una noche sobre el lago



Los que dejan de sentir que dependen constantemente de Dios, serán vencidos por la tentación. Podemos suponer ahora que nuestros pies están seguros y que nunca seremos movidos. Podemos decir con confianza: Yo sé a quién he creído; nada quebrantará mi fe en Dios y su Palabra. Pero Satanás está proyectando aprovecharse de nuestras características heredadas y cultivadas, y cegar nuestros ojos acerca de nuestras propias necesidades y defectos. Únicamente comprendiendo nuestra propia debilidad y mirando fijamente a Jesús, podemos estar seguros.


Apenas hubo tomado Jesús su lugar en el barco, cuando el viento cesó, “y luego el barco llegó a la tierra donde iban.” La noche de horror fué sucedida por la luz del alba. Los discípulos, y otros que estaban a bordo, se postraron a los pies de Jesús con corazones agradecidos, diciendo: “Verdaderamente eres Hijo de Dios.”


Capítulo 41—La crisis en Galilea

Este capítulo está basado en Juan 6:22-71.


Cuando Cristo prohibió a la gente que le declarara rey, sabía que había llegado a un momento decisivo de su historia. Mañana se apartarían de él las multitudes que hoy deseaban exaltarle al trono. El chasco que sufriera su ambición egoísta iba a transformar su amor en odio, su alabanza en maldiciones. Aunque sabía esto, no tomó medidas para evitar la crisis. Desde el principio, no había presentado a sus seguidores ninguna esperanza de recompensas terrenales. A uno que vino deseando ser su discípulo, le había dicho: “Las zorras tienen cavernas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene donde recueste su cabeza.” Si los hombres pudiesen haber tenido el mundo con Cristo, multitudes le habrían tributado fidelidad; pero no podía aceptar un servicio tal. Entre los que estaban relacionados con él, muchos habían sido atraídos por la esperanza de un reino mundanal. Estos debían ser desengañados. La profunda enseñanza espiritual que hay en el milagro de los panes no había sido comprendida. Tenía que ser aclarada. Y esa nueva revelación iba a traer consigo una prueba más detenida.


La noticia del milagro de los panes se difundió lejos y cerca, y muy temprano a la mañana siguiente, la gente acudió a Betsaida para ver a Jesús. Venía en grandes multitudes, por mar y tierra. Los que le habían dejado a la noche anterior, volvieron esperando encontrarle todavía allí; porque no había barco en el cual pudiese pasar al otro lado. Pero su búsqueda fué infructuosa, y muchos se dirigieron a Capernaúm, siempre buscándole.


Mientras tanto, él había llegado a Genesaret, después de sólo un día de ausencia. Apenas se supo que había desembarcado, la gente, “recorriendo toda la tierra de alrededor, comenzaron a traer de todas partes enfermos en lechos, a donde oían que estaba.” Después de un tiempo, fué a la sinagoga, y allí le encontraron los que habían venido de Betsaida. Supieron por sus discípulos cómo había cruzado el mar. La furia de la tempestad y las muchas horas de inútil remar contra los vientos adversos, la aparición de Cristo andando sobre el agua, los temores así despertados, sus palabras consoladoras, la aventura de Pedro y su resultado, con el repentino aplacamiento de la tempestad y la llegada del barco, todo esto fué relatado fielmente a la muchedumbre asombrada. No contentos con esto, muchos se reunían alrededor de Jesús preguntando: “Rabbí, ¿cuándo llegaste acá?” Esperaban oír de sus labios otro relato del milagro.


Jesús no satisfizo su curiosidad. Dijo tristemente: “Me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os hartasteis.” No le buscaban por algún motivo digno; sino que como habían sido alimentados con los panes, esperaban recibir todavía otros beneficios temporales vinculándose con él. El Salvador les instó: “Trabajad no por la comida que perece, mas por la comida que a vida eterna permanece.” No busquéis solamente el beneficio material. No tenga por objeto vuestro principal esfuerzo proveer para la vida actual, pero buscad el alimento espiritual, a saber, esa sabiduría que durará para vida eterna. Sólo el Hijo de Dios puede darla; “porque a éste señaló el Padre, que es Dios.”


Por el momento se despertó el interés de los oyentes. Exclamaron: “¿Qué haremos para que obremos las obras de Dios?” Habían estado realizando muchas obras penosas para recomendarse a Dios; y estaban listos para enterarse de cualquier nueva observancia por la cual pudiesen obtener mayor mérito. Su pregunta significaba: ¿Qué debemos hacer para merecer el cielo? ¿Cuál es el precio requerido para obtener la vida venidera?


“Respondió Jesús y díjoles: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.” El precio del cielo es Jesús. El camino al cielo es por la fe en “el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.”


Video Capitulo completo


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