Martes 5 de Marzo de 2024.
- Amado V FV
- 5 mar 2024
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Jeremías 37 (RVR1960) El Deseado de todas las gentes.
Encarcelamiento de Jeremías
1 En lugar de Conías hijo de Joacim reinó el rey Sedequías hijo de Josías, al cual Nabucodonosor rey de Babilonia constituyó por rey en la tierra de Judá. 2 Pero no obedeció él ni sus siervos ni el pueblo de la tierra a las palabras de Jehová, las cuales dijo por el profeta Jeremías.
3 Y envió el rey Sedequías a Jucal hijo de Selemías, y al sacerdote Sofonías hijo de Maasías, para que dijesen al profeta Jeremías: Ruega ahora por nosotros a Jehová nuestro Dios. 4 Y Jeremías entraba y salía en medio del pueblo; porque todavía no lo habían puesto en la cárcel. 5 Y cuando el ejército de Faraón había salido de Egipto, y llegó noticia de ello a oídos de los caldeos que tenían sitiada a Jerusalén, se retiraron de Jerusalén.
6 Entonces vino palabra de Jehová al profeta Jeremías, diciendo: 7 Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Diréis así al rey de Judá, que os envió a mí para que me consultaseis: He aquí que el ejército de Faraón que había salido en vuestro socorro, se volvió a su tierra en Egipto. 8 Y volverán los caldeos y atacarán esta ciudad, y la tomarán y la pondrán a fuego. 9 Así ha dicho Jehová: No os engañéis a vosotros mismos, diciendo: Sin duda ya los caldeos se apartarán de nosotros; porque no se apartarán. 10 Porque aun cuando hirieseis a todo el ejército de los caldeos que pelean contra vosotros, y quedasen de ellos solamente hombres heridos, cada uno se levantará de su tienda, y pondrán esta ciudad a fuego.
11 Y aconteció que cuando el ejército de los caldeos se retiró de Jerusalén a causa del ejército de Faraón, 12 salía Jeremías de Jerusalén para irse a tierra de Benjamín, para apartarse de en medio del pueblo. 13 Y cuando fue a la puerta de Benjamín, estaba allí un capitán que se llamaba Irías hijo de Selemías, hijo de Hananías, el cual apresó al profeta Jeremías, diciendo: Tú te pasas a los caldeos. 14 Y Jeremías dijo: Falso; no me paso a los caldeos. Pero él no lo escuchó, sino prendió Irías a Jeremías, y lo llevó delante de los príncipes. 15 Y los príncipes se airaron contra Jeremías, y le azotaron y le pusieron en prisión en la casa del escriba Jonatán, porque la habían convertido en cárcel.
16 Entró, pues, Jeremías en la casa de la cisterna, y en las bóvedas. Y habiendo estado allá Jeremías por muchos días, 17 el rey Sedequías envió y le sacó; y le preguntó el rey secretamente en su casa, y dijo: ¿Hay palabra de Jehová? Y Jeremías dijo: Hay. Y dijo más: En mano del rey de Babilonia serás entregado. 18 Dijo también Jeremías al rey Sedequías: ¿En qué pequé contra ti, y contra tus siervos, y contra este pueblo, para que me pusieseis en la cárcel? 19 ¿Y dónde están vuestros profetas que os profetizaban diciendo: No vendrá el rey de Babilonia contra vosotros, ni contra esta tierra? 20 Ahora pues, oye, te ruego, oh rey mi señor; caiga ahora mi súplica delante de ti, y no me hagas volver a casa del escriba Jonatán, para que no muera allí. 21 Entonces dio orden el rey Sedequías, y custodiaron a Jeremías en el patio de la cárcel, haciéndole dar una torta de pan al día, de la calle de los Panaderos, hasta que todo el pan de la ciudad se gastase. Y quedó Jeremías en el patio de la cárcel.
Comentario del Capitulo

Capítulo 15 En las bodas de Caná
En ocasión de su visita al templo en su niñez, al revelársele el misterio de la obra que había de llenar su vida, Cristo había dicho a María: “¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me conviene estar?”4 Estas palabras fueron la nota dominante de toda su vida y ministerio. Todo lo supeditaba a su trabajo: la gran obra de redención que había venido a realizar en el mundo. Ahora repitió la lección. Había peligro de que María considerase que su relación con Jesús le daba derechos especiales sobre él, y facultad para dirigirle hasta cierto punto en su misión. Durante treinta años, había sido para ella un hijo amante y obediente, y su amor no había cambiado; pero debía atender ahora la obra de su Padre. Como Hijo del Altísimo, y Salvador del mundo, ningún vínculo terrenal debía impedirle cumplir su misión, ni influir en su conducta. Debía estar libre para hacer la voluntad de Dios. Esta lección es también para nosotros. Los derechos de Dios superan aun al parentesco humano. Ninguna atracción terrenal debe apartar nuestros pies de la senda en que él nos ordena andar. DTG 120.2
La única esperanza de redención para nuestra especie caída está en Cristo; María podía hallar salvación únicamente por medio del Cordero de Dios. En sí misma, no poseía méritos. Su relación con Jesús no la colocaba en una relación espiritual con él diferente de la de cualquier otra alma humana. Así lo indicaron las palabras del Salvador. El aclara la distinción que hay entre su relación con ella como Hijo del hombre y como Hijo de Dios. El vínculo de parentesco que había entre ellos no la ponía de ninguna manera en igualdad con él. DTG 120.3
Las palabras: “Aun no ha venido mi hora,” indican que todo acto de la vida terrenal de Cristo se realizaba en cumplimiento del plan trazado desde la eternidad. Antes de venir a la tierra, el plan estuvo delante de él, perfecto en todos sus detalles. Pero mientras andaba entre los hombres, era guiado, paso a paso, por la voluntad del Padre. En el momento señalado, no vacilaba en obrar. Con la misma sumisión, esperaba hasta que llegase la ocasión. DTG 121.1
Al decir a María que su hora no había llegado todavía, Jesús contestaba al pensamiento que ella no había expresado, la expectativa que acariciaba en común con su pueblo. Esperaba que se revelase como Mesías, y asumiese el trono de Israel. Pero el tiempo no había llegado. Jesús había aceptado la suerte de la humanidad, no como Rey, sino como Varón de dolores, familiarizado con el pesar. DTG 121.2
Pero aunque María no tenía una concepción correcta de la misión de Cristo, confiaba implícitamente en él. Y Jesús respondió a esta fe. El primer milagro fué realizado para honrar la confianza de María y fortalecer la fe de los discípulos. Estos iban a encontrar muchas y grandes tentaciones a dudar. Para ellos las profecías habían indicado, fuera de toda controversia, que Jesús era el Mesías. Esperaban que los dirigentes religiosos le recibiesen con una confianza aun mayor que la suya. Declaraban entre la gente las obras maravillosas de Cristo y su propia confianza en la misión de él, pero se quedaron asombrados y amargamente chasqueados por la incredulidad, los arraigados prejuicios y la enemistad que manifestaron hacia Jesús los sacerdotes y rabinos. Los primeros milagros del Salvador fortalecieron a los discípulos para que se mantuviesen firmes frente a esta oposición. DTG 121.3
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