top of page

Martes 7 de Julio de 2026.

  • hace 10 horas
  • 4 min de lectura

Job 11 (RVR1960) Profetas y Reyes



Zofar acusa de maldad a Job

1 Respondió Zofar naamatita, y dijo:


2 ¿Las muchas palabras no han de tener respuesta?


¿Y el hombre que habla mucho será justificado?


3 ¿Harán tus falacias callar a los hombres?


¿Harás escarnio y no habrá quien te avergüence?


4 Tú dices: Mi doctrina es pura,


Y yo soy limpio delante de tus ojos.


5 Mas ¡oh, quién diera que Dios hablara,


Y abriera sus labios contigo,


6 Y te declarara los secretos de la sabiduría,


Que son de doble valor que las riquezas!


Conocerías entonces que Dios te ha castigado menos de lo que tu iniquidad merece.


7 ¿Descubrirás tú los secretos de Dios?


¿Llegarás tú a la perfección del Todopoderoso?


8 Es más alta que los cielos; ¿qué harás?


Es más profunda que el Seol; ¿cómo la conocerás?


9 Su dimensión es más extensa que la tierra,


Y más ancha que el mar.


10 Si él pasa, y aprisiona, y llama a juicio,


¿Quién podrá contrarrestarle?


11 Porque él conoce a los hombres vanos;


Ve asimismo la iniquidad, ¿y no hará caso?


12 El hombre vano se hará entendido,


Cuando un pollino de asno montés nazca hombre.


13 Si tú dispusieres tu corazón,


Y extendieres a él tus manos;


14 Si alguna iniquidad hubiere en tu mano, y la echares de ti,


Y no consintieres que more en tu casa la injusticia,


15 Entonces levantarás tu rostro limpio de mancha,


Y serás fuerte, y nada temerás;


16 Y olvidarás tu miseria,


O te acordarás de ella como de aguas que pasaron.


17 La vida te será más clara que el mediodía;


Aunque oscureciere, será como la mañana.


18 Tendrás confianza, porque hay esperanza;


Mirarás alrededor, y dormirás seguro.


19 Te acostarás, y no habrá quien te espante;


Y muchos suplicarán tu favor.


20 Pero los ojos de los malos se consumirán,


Y no tendrán refugio;


Y su esperanza será dar su último suspiro.


Comentario del Capitulo






Capítulo 18—La purificación de las aguas


Acerca del manantial hasta entonces contaminado que había en Jericó, el Señor declaró: “Yo sané estas aguas, y no habrá más en ellas muerte ni enfermedad.” El arroyo contaminado representa el alma que está separada de Dios. El pecado no solamente nos separa de Dios, sino que destruye en el alma humana tanto el deseo como la capacidad de conocerle. Por medio del pecado, queda desordenado todo el organismo humano, la mente se pervierte, la imaginación se corrompe; las facultades del alma se degradan. Hay en el corazón ausencia de religión pura y santidad. El poder convertidor de Dios no obró para transformar el carácter. El alma queda débil, y por falta de fuerza moral para vencer, se contamina y se degrada.


Para el corazón que llega a purificarse, todo cambia. La transformación del carácter es para el mundo el testimonio de que Cristo mora en el creyente. Al sujetar los pensamientos y deseos a la voluntad de Cristo, el Espíritu de Dios produce nueva vida en el hombre y el hombre interior queda renovado a la imagen de Dios. Hombres y mujeres débiles y errantes demuestran al mundo que el poder redentor de la gracia puede desarrollar el carácter deficiente en forma simétrica, para hacerle llevar abundantes frutos.


El corazón que recibe la palabra de Dios no es un estanque que se evapora ni es una cisterna rota que pierda su tesoro. Es como el arroyo de las montañas, alimentado por manantiales inagotables, cuyas aguas frescas y chispeantes saltan de roca en roca, refrigerando a los cansados, sedientos y cargados. Es como un río que fluye constantemente, y a medida que avanza se va haciendo más hondo y más ancho, hasta que sus aguas vivificantes se extienden por toda la tierra. El arroyo que prosigue su curso cantando, deja detrás de sí sus dones de verdor y copiosos frutos. La hierba de sus orillas es de un verde más fresco; los árboles son más frondosos y las flores más abundantes. Mientras la tierra se desnuda y se obscurece bajo el calor que la afecta durante el verano, el curso del río es una raya de verdor en el panorama.


Así también sucede con el verdadero hijo de Dios. La religión de Cristo se revela como principio vivificante, como una energía espiritual viva y activa que lo compenetra todo. Cuando el corazón se abre a la influencia celestial de la verdad y del amor, estos principios vuelven a fluir como arroyos en el desierto, y hacen fructificar lo que antes parecía árido y sin vida.


Mientras los que han sido purificados y santificados por un conocimiento de la verdad bíblica se dediquen cordialmente a la obra de salvar almas, llegarán a ser un sabor de vida para vida. Y mientras beban diariamente de la fuente inagotable de la gracia y el conocimiento, encontrarán que su propio corazón llega a rebosar del Espíritu de su Maestro, y que por su abnegado ministerio muchos son beneficiados física, mental y espiritualmente. Los cansados quedan refrigerados, los enfermos recobran la salud, y encuentran alivio los que estaban cargados de pecado. Aun en países lejanos brotan palabras de agradecimiento de los labios de aquellos cuyos corazones fueron desviados del servicio del pecado a la justicia.


“Dad, y se os dará” (Lucas 6:38); porque la Palabra de Dios es “fuente de huertos, pozo de aguas vivas, que corren del Líbano.” Cantares 4:15.








Te invitamos a continuar con la lectura del día de mañana.







bottom of page