top of page

Miércoles 26 de Junio 2024.

  • Foto del escritor: Amado V FV
    Amado V FV
  • 26 jun 2024
  • 6 Min. de lectura

Miqueas 2 (RVR1960) El Deseado de todas las gentes.



¡Ay de los que oprimen a los pobres!

1 ¡Ay de los que en sus camas piensan iniquidad y maquinan el mal, y cuando llega la mañana lo ejecutan, porque tienen en su mano el poder! 2 Codician las heredades, y las roban; y casas, y las toman; oprimen al hombre y a su casa, al hombre y a su heredad. 3 Por tanto, así ha dicho Jehová: He aquí, yo pienso contra esta familia un mal del cual no sacaréis vuestros cuellos, ni andaréis erguidos; porque el tiempo será malo. 4 En aquel tiempo levantarán sobre vosotros refrán, y se hará endecha de lamentación, diciendo: Del todo fuimos destruidos; él ha cambiado la porción de mi pueblo. ¡Cómo nos quitó nuestros campos! Los dio y los repartió a otros. 5 Por tanto, no habrá quien a suerte reparta heredades en la congregación de Jehová.


6 No profeticéis, dicen a los que profetizan; no les profeticen, porque no les alcanzará vergüenza. 7 Tú que te dices casa de Jacob, ¿se ha acortado el Espíritu de Jehová? ¿Son estas sus obras? ¿No hacen mis palabras bien al que camina rectamente? 8 El que ayer era mi pueblo, se ha levantado como enemigo; de sobre el vestido quitasteis las capas atrevidamente a los que pasaban, como adversarios de guerra. 9 A las mujeres de mi pueblo echasteis fuera de las casas que eran su delicia; a sus niños quitasteis mi perpetua alabanza. 10 Levantaos y andad, porque no es este el lugar de reposo, pues está contaminado, corrompido grandemente. 11 Si alguno andando con espíritu de falsedad mintiere diciendo: Yo te profetizaré de vino y de sidra; este tal será el profeta de este pueblo.


12 De cierto te juntaré todo, oh Jacob; recogeré ciertamente el resto de Israel; lo reuniré como ovejas de Bosra, como rebaño en medio de su aprisco; harán estruendo por la multitud de hombres. 13 Subirá el que abre caminos delante de ellos; abrirán camino y pasarán la puerta, y saldrán por ella; y su rey pasará delante de ellos, y a la cabeza de ellos Jehová.




Comentario del Capitulo




Capítulo 40-41 Una noche sobre el lago


Pero la gente no quería recibir esta declaración de la verdad divina. Jesús había hecho la obra que la profecía había predicho que haría el Mesías; pero no habían presenciado lo que sus esperanzas egoístas habían representado como obra suya. Cristo había alimentado en verdad una vez a la multitud con panes de cebada; pero en los días de Moisés, Israel había sido alimentado con maná durante cuarenta años, y se esperaban bendiciones mucho mayores del Mesías. Con corazón desconforme, preguntaban por qué, si Jesús podía hacer obras tan admirables como las que habían presenciado, no podía dar a todos los suyos salud, fuerza y riquezas, librarlos de sus opresores y exaltarlos al poder y la honra. El hecho de que aseverara ser el Enviado de Dios, y, sin embargo, se negara a ser el Rey de Israel era un misterio que no podían sondear. Su negativa fué mal interpretada. Muchos concluyeron que no se atrevía a presentar sus derechos porque él mismo dudaba del carácter divino de su misión. Así abrieron su corazón a la incredulidad, y la semilla que Satanás había sembrado llevó fruto según su especie: incomprensión y deserción.


Ahora, medio en tono de burla, un rabino preguntó “¿Qué señal pues haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dió a comer.”


Los judíos honraban a Moisés como dador del maná, tributando alabanza al instrumento, y perdiendo de vista a Aquel por quien la obra había sido realizada. Sus padres habían murmurado contra Moisés, y habían dudado de su misión divina y la habían negado. Ahora, animados del mismo espíritu, los hijos rechazaban a Aquel que les daba el mensaje de Dios. “Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dió Moisés pan del cielo; mas mi Padre os dió el verdadero pan del cielo.” El que había dado el maná estaba entre ellos. Era Cristo mismo quien había conducido a los hebreos a través del desierto, y los había alimentado diariamente con el pan del cielo. Este alimento era una figura del verdadero pan del cielo. El Espíritu que fluye de la infinita plenitud de Dios y da vida es el verdadero maná. Jesús dijo: “El pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo.”


Pensando todavía que Jesús se refería al alimento temporal, algunos de sus oyentes exclamaron: “Señor, danos siempre este pan.” Jesús habló entonces claramente: “Yo soy el pan de vida.”


La figura que Cristo empleó era familiar para los judíos. Moisés, por inspiración del Espíritu Santo, había dicho: “El hombre no vivirá de solo pan, mas de todo lo que sale de la boca de Jehová.” Y el profeta Jeremías había escrito: “Halláronse tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fué por gozo y por alegría de mi corazón.” Los rabinos mismos solían decir que el comer pan, en su significado espiritual, era estudiar la ley y practicar las buenas obras; se decía a menudo que cuando viniese el Mesías, todo Israel sería alimentado. La enseñanza de los profetas aclaraba la profunda lección espiritual del milagro de los panes. Cristo trató de presentar esta lección a sus oyentes en la sinagoga. Si ellos hubiesen comprendido las Escrituras, habrían entendido sus palabras cuando dijo: “Yoy soy el pan de vida.” Tan sólo el día antes, la gran multitud, hambrienta y cansada, había sido alimentada por el pan que él había dado. Así como de ese pan habían recibido fuerza física y refrigerio, podían recibir de Cristo fuerza espiritual para obtener la vida eterna. “El que a mí viene—dijo,—nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.” Pero añadió: “Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.”


Habían visto a Cristo por el testimonio del Espíritu Santo, por la revelación de Dios a sus almas. Las evidencias vivas de su poder habían estado delante de ellos día tras día, y, sin embargo, pedían otra señal. Si ésta les hubiese sido dada, habrían permanecido tan incrédulos como antes. Si no quedaban convencidos por lo que habían visto y oído, era inútil mostrarles más obras maravillosas. La incredulidad hallará siempre disculpas para dudar, y destruirá por sus raciocinios las pruebas más positivas.


Cristo volvió a apelar a estos corazones obcecados. “Al que a mí viene, no le echo fuera.” Todos los que le recibieran por la fe, dijo él, tendrían vida eterna. Ninguno se perdería. No era necesario que los fariseos y saduceos disputasen acerca de la vida futura. Ya no necesitaban los hombres llorar desesperadamente a sus muertos. “Esta es la voluntad del que me envió, del Padre: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna: y yo le resucitaré en el día postrero.”


Pero los dirigentes del pueblo se ofendieron, “y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?” Refiriéndose con escarnio al origen humilde de Jesús, procuraron despertar prejuicios. Aludieron despectivamente a su vida como trabajador galileo, y a su familia pobre y humilde. Los asertos de este carpintero sin educación, dijeron, eran indignos de su atención. Y a causa de su nacimiento misterioso, insinuaron que era de parentesco dudoso, presentaron así las circunstancias humanas de su nacimiento como una mancha sobre su historia.


Jesús no intentó explicar el misterio de su nacimiento. No contestó las preguntas relativas a su descenso del cielo, como no había contestado las preguntas acerca de cómo había cruzado el mar. No llamó la atención a los milagros que señalaban su vida. Voluntariamente se había hecho humilde, sin reputación, tomando forma de siervo. Pero sus palabras y obras revelaban su carácter. Todos aquellos cuyo corazón estaba abierto a la iluminación divina reconocerían en él al “unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.”


El prejuicio de los fariseos era más hondo de lo que sus preguntas indicaban; tenía su raíz en la perversidad de su corazón. Cada palabra y acto de Jesús despertaba en ellos antagonismo; porque el espíritu que ellos albergaban no podía hallar respuesta en él.


Video Capitulo completo


Te invitamos a continuar con la lectura del día de mañana.





bottom of page