Sábado 29 de Junio de 2024.
- Amado V FV
- 29 jun 2024
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Miqueas 5 (RVR1960) El Deseado de todas las gentes.
El reinado del libertador desde Belén
1 Rodéate ahora de muros, hija de guerreros; nos han sitiado; con vara herirán en la mejilla al juez de Israel.
2 Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad. 3 Pero los dejará hasta el tiempo que dé a luz la que ha de dar a luz; y el resto de sus hermanos se volverá con los hijos de Israel. 4 Y él estará, y apacentará con poder de Jehová, con grandeza del nombre de Jehová su Dios; y morarán seguros, porque ahora será engrandecido hasta los fines de la tierra.
5 Y este será nuestra paz. Cuando el asirio viniere a nuestra tierra, y cuando hollare nuestros palacios, entonces levantaremos contra él siete pastores, y ocho hombres principales; 6 y devastarán la tierra de Asiria a espada, y con sus espadas la tierra de Nimrod; y nos librará del asirio, cuando viniere contra nuestra tierra y hollare nuestros confines.
7 El remanente de Jacob será en medio de muchos pueblos como el rocío de Jehová, como las lluvias sobre la hierba, las cuales no esperan a varón, ni aguardan a hijos de hombres. 8 Asimismo el remanente de Jacob será entre las naciones, en medio de muchos pueblos, como el león entre las bestias de la selva, como el cachorro del león entre las manadas de las ovejas, el cual si pasare, y hollare, y arrebatare, no hay quien escape. 9 Tu mano se alzará sobre tus enemigos, y todos tus adversarios serán destruidos.
10 Acontecerá en aquel día, dice Jehová, que haré matar tus caballos de en medio de ti, y haré destruir tus carros. 11 Haré también destruir las ciudades de tu tierra, y arruinaré todas tus fortalezas. 12 Asimismo destruiré de tu mano las hechicerías, y no se hallarán en ti agoreros. 13 Y haré destruir tus esculturas y tus imágenes de en medio de ti, y nunca más te inclinarás a la obra de tus manos. 14 Arrancaré tus imágenes de Asera de en medio de ti, y destruiré tus ciudades; 15 y con ira y con furor haré venganza en las naciones que no obedecieron.
Comentario del Capitulo

Capítulo 40-41 Una noche sobre el lago
“Su aventador en su mano está, y aventará su era: y allegará su trigo en el alfolí.” Esta fué una de las ocasiones en que se hizo limpieza. Por las palabras de verdad, estaba separándose el tamo del trigo. Porque eran demasiado vanos y justos en su propia estima para recibir reprensión, y amaban demasiado el mundo para aceptar una vida de humildad, muchos se apartaron de Jesús. Muchos están haciendo todavía la misma cosa. El alma de muchos es probada hoy como lo fué la de los discípulos en la sinagoga de Capernaúm. Cuando la verdad penetra en el corazón, ven que su vida no está de acuerdo con la voluntad de Dios. Ven la necesidad de un cambio completo en sí; pero no están dispuestos a realizar esta obra de negarse a sí mismos. Por lo tanto, se aíran cuando sus pecados son descubiertos. Se van ofendidos, así como los discípulos abandonaron a Jesús, murmurando: “Dura es esta palabra: ¿quién la puede oír?”
La alabanza y la adulación agradarían a sus oídos; pero la verdad no es bienvenida; no la pueden oír. Cuando las muchedumbres siguen y son alimentadas, y se oyen los gritos de triunfo, sus voces claman alabanzas; pero cuando el escrutinio del Espíritu de Dios revela su pecado y los invita a dejarlo, dan la espalda a la verdad y no andan más con Jesús.
Cuando aquellos discípulos desafectos se apartaron de Cristo, un espíritu diferente se apoderó de ellos. No podían ver atractivo alguno en Aquel a quien habían encontrado una vez tan interesante. Buscaron a sus enemigos porque estaban en armonía con su espíritu y obra. Interpretaron mal las palabras de Jesús, falsificaron sus declaraciones e impugnaron sus motivos. Mantuvieron su actitud, recogiendo todo detalle que se pudiera volver contra él; y fué tal la indignación suscitada por esos falsos informes que su vida peligró.
Cundió rápidamente la noticia de que, por su propia confesión, Jesús de Nazaret no era el Mesías. Y así la corriente del sentimiento popular se volvió contra él en Galilea, como había sucedido el año anterior en Judea. ¡Ay de Israel! Rechazó a su Salvador porque deseaba un conquistador que le diese poder temporal. Deseaba el alimento que perece, y no el que dura para vida eterna.
Con corazón anhelante, Jesús vió a aquellos que habían sido sus discípulos apartarse de él, la Vida y la Luz de los hombres. Al sentir que su compasión no era apreciada, su amor no era correspondido, su misericordia era despreciada, su salvación rechazada, se llenó su corazón de una tristeza inefable. Eran sucesos como éstos los que le hacían varón de dolores, experimentado en quebranto.
Sin intentar impedir a los que se apartaban que lo hicieran, Jesús se volvió a los doce y dijo: “¿Queréis vosotros iros también?”
Pedro respondió preguntando: “Señor, ¿a quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna—añadió,—y nosotros creemos y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.”
“¿A quién iremos?” Los maestros de Israel eran esclavos del formalismo. Los fariseos y saduceos estaban en constante contienda. Dejar a Jesús era caer entre los que se aferraban a ritos y ceremonias, y entre hombres ambiciosos que buscaban su propia gloria. Los discípulos habían encontrado más paz y gozo desde que habían aceptado a Cristo que en toda su vida anterior. ¿Cómo podrían volver a aquellos que habían despreciado y perseguido al Amigo de los pecadores? Habían estado buscando durante mucho tiempo al Mesías; ahora había venido, y no podían apartarse de su presencia, para ir a aquellos que buscaban su vida y que los habían perseguido por haberse hecho discípulos de él.
“¿A quién iremos?” No podían apartarse de las enseñanzas de Cristo, de sus lecciones de amor y misericordia, a las tinieblas de la incredulidad, a la perversidad del mundo. Mientras abandonaban al Salvador muchos de los que habían presenciado sus obras admirables, Pedro expresó la fe de los discípulos: “Tú eres el Cristo.” Aun el pensar que pudiesen perder esta ancla de sus almas, los llenaba de temor y dolor. Verse privados de un Salvador, era quedar a la deriva en un mar sombrío y tormentoso.
Muchas de las palabras y las acciones de Jesús parecen misteriosas para las mentes finitas, pero cada palabra y acto tenía su propósito definido en la obra de nuestra redención; cada uno estaba calculado para producir su propio resultado. Si pudiésemos comprender sus propósitos, todo parecería importante, completo y en armonía con su misión.
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