Domingo 13 de Septiembre de 2026.
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Salmo 37 (RVR1960) Profetas y Reyes
El camino de los malos
Salmo de David.
1 No te impacientes a causa de los malignos,
Ni tengas envidia de los que hacen iniquidad.
2 Porque como hierba serán pronto cortados,
Y como la hierba verde se secarán.
3 Confía en Jehová, y haz el bien;
Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.
4 Deléitate asimismo en Jehová,
Y él te concederá las peticiones de tu corazón.
5 Encomienda a Jehová tu camino,
Y confía en él; y él hará.
6 Exhibirá tu justicia como la luz,
Y tu derecho como el mediodía.
7 Guarda silencio ante Jehová, y espera en él.
No te alteres con motivo del que prospera en su camino,
Por el hombre que hace maldades.
8 Deja la ira, y desecha el enojo;
No te excites en manera alguna a hacer lo malo.
9 Porque los malignos serán destruidos,
Pero los que esperan en Jehová, ellos heredarán la tierra.
10 Pues de aquí a poco no existirá el malo;
Observarás su lugar, y no estará allí.
11 Pero los mansos heredarán la tierra,
Y se recrearán con abundancia de paz.
12 Maquina el impío contra el justo,
Y cruje contra él sus dientes;
13 El Señor se reirá de él;
Porque ve que viene su día.
14 Los impíos desenvainan espada y entesan su arco,
Para derribar al pobre y al menesteroso,
Para matar a los de recto proceder.
15 Su espada entrará en su mismo corazón,
Y su arco será quebrado.
16 Mejor es lo poco del justo,
Que las riquezas de muchos pecadores.
17 Porque los brazos de los impíos serán quebrados;
Mas el que sostiene a los justos es Jehová.
18 Conoce Jehová los días de los perfectos,
Y la heredad de ellos será para siempre.
19 No serán avergonzados en el mal tiempo,
Y en los días de hambre serán saciados.
20 Mas los impíos perecerán,
Y los enemigos de Jehová como la grasa de los carneros
Serán consumidos; se disiparán como el humo.
21 El impío toma prestado, y no paga;
Mas el justo tiene misericordia, y da.
22 Porque los benditos de él heredarán la tierra;
Y los malditos de él serán destruidos.
23 Por Jehová son ordenados los pasos del hombre,
Y él aprueba su camino.
24 Cuando el hombre cayere, no quedará postrado,
Porque Jehová sostiene su mano.
25 Joven fui, y he envejecido,
Y no he visto justo desamparado,
Ni su descendencia que mendigue pan.
26 En todo tiempo tiene misericordia, y presta;
Y su descendencia es para bendición.
27 Apártate del mal, y haz el bien,
Y vivirás para siempre.
28 Porque Jehová ama la rectitud,
Y no desampara a sus santos.
Para siempre serán guardados;
Mas la descendencia de los impíos será destruida.
29 Los justos heredarán la tierra,
Y vivirán para siempre sobre ella.
30 La boca del justo habla sabiduría,
Y su lengua habla justicia.
31 La ley de su Dios está en su corazón;
Por tanto, sus pies no resbalarán.
32 Acecha el impío al justo,
Y procura matarlo.
33 Jehová no lo dejará en sus manos,
Ni lo condenará cuando le juzgaren.
34 Espera en Jehová, y guarda su camino,
Y él te exaltará para heredar la tierra;
Cuando sean destruidos los pecadores, lo verás.
35 Vi yo al impío sumamente enaltecido,
Y que se extendía como laurel verde.
36 Pero él pasó, y he aquí ya no estaba;
Lo busqué, y no fue hallado.
37 Considera al íntegro, y mira al justo;
Porque hay un final dichoso para el hombre de paz.
38 Mas los transgresores serán todos a una destruidos;
La posteridad de los impíos será extinguida.
39 Pero la salvación de los justos es de Jehová,
Y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia.
40 Jehová los ayudará y los librará;
Los libertará de los impíos, y los salvará,
Por cuanto en él esperaron.
Comentario del Capitulo

Capítulo 33—El libro de la ley
Las influencias silenciosas y sin embargo poderosas que despertaron los mensajes de los profetas acerca del cautiverio babilónico, contribuyeron mucho a preparar el terreno para una reforma que se realizó en el año décimoctavo del reinado de Josías. Este movimiento de reforma, gracias al cual los castigos anunciados se evitaron por un tiempo, fué provocado de una manera completamente inesperada por el descubrimiento y el estudio de una porción de las Sagradas Escrituras que durante muchos años había estado extraviada.
Casi un siglo antes, durante la primera Pascua celebrada por Ezequías, se habían tomado medidas para la lectura pública y diaria del libro de la ley a oídos del pueblo por los sacerdotes instructores. La observancia de los estatutos registrados por Moisés, especialmente los dados en el libro del pacto que forma parte del Deuteronomio, era lo que había dado tanta prosperidad al reinado de Ezequías. Pero Manasés se había atrevido a poner a un lado esos estatutos; y durante su reinado se había perdido, por descuido, la copia del libro de la ley que solía guardarse en el templo. De manera que por muchos años el pueblo en general se vió privado de sus instrucciones.
El manuscrito perdido durante tanto tiempo fué descubierto en el templo por el sumo sacerdote Hilcías mientras se realizaban extensas reparaciones en el edificio, de acuerdo con el plan del rey Josías para conservar la estructura sagrada. El sumo sacerdote entregó el precioso volumen a Safán, sabio escriba, quien lo leyó, y luego lo llevó al rey, a quien contó cómo se lo había descubierto.
Josías se conmovió hondamente al oír por primera vez leer las exhortaciones y amonestaciones registradas en ese antiguo manuscrito. Nunca antes había comprendido tan claramente la sencillez con que Dios había presentado a Israel “la vida y la muerte, la bendición y la maldición” (Deuteronomio 30:19); y cuán a menudo se le había instado a escoger el camino de la vida a fin de llegar a ser una alabanza en la tierra, una bendición para todas las naciones. Por medio de Moisés se había exhortado así a Israel: “Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos: que Jehová tu Dios es el que va contigo: no te dejará, ni te desamparará.” Deuteronomio 31:6.
En el libro abundaban las promesas referentes a la buena voluntad de Dios para salvar hasta lo sumo a aquellos que confiasen plenamente en él. Así como había obrado al librarlos de la servidumbre egipcia, quería obrar poderosamente para establecerlos en la tierra prometida y colocarlos a la cabeza de las naciones de la tierra.
El aliento ofrecido como recompensa por la obediencia iba acompañado de las profecías de castigos para los desobedientes; y mientras el rey oía las palabras inspiradas, reconoció, en el cuadro que se le presentaba, condiciones similares a las que existían entonces en su reino. En relación con estas descripciones proféticas de cómo el pueblo se iba a apartar de Dios, se sorprendió al descubrir claras indicaciones de que pronto seguiría sin remedio el día de la calamidad.
Te invitamos a continuar con la lectura del día de mañana.






