Domingo 4 de Octubre de 2026.
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Salmo 58 (RVR1960) Profetas y Reyes
Plegaria pidiendo el castigo de los malos
Al músico principal; sobre No destruyas. Mictam de David.
1 Oh congregación, ¿pronunciáis en verdad justicia?
¿Juzgáis rectamente, hijos de los hombres?
2 Antes en el corazón maquináis iniquidades;
Hacéis pesar la violencia de vuestras manos en la tierra.
3 Se apartaron los impíos desde la matriz;
Se descarriaron hablando mentira desde que nacieron.
4 Veneno tienen como veneno de serpiente;
Son como el áspid sordo que cierra su oído,
5 Que no oye la voz de los que encantan,
Por más hábil que el encantador sea.
6 Oh Dios, quiebra sus dientes en sus bocas;
Quiebra, oh Jehová, las muelas de los leoncillos.
7 Sean disipados como aguas que corren;
Cuando disparen sus saetas, sean hechas pedazos.
8 Pasen ellos como el caracol que se deslíe;
Como el que nace muerto, no vean el sol.
9 Antes que vuestras ollas sientan la llama de los espinos,
Así vivos, así airados, los arrebatará él con tempestad.
10 Se alegrará el justo cuando viere la venganza;
Sus pies lavará en la sangre del impío.
11 Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay galardón para el justo;
Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra.
Comentario del Capitulo

Capítulo 38—Luz a través de las tinieblas
Los sombríos años de destrucción y muerte que señalaron el fin del reino de Judá, habrían hecho desesperar al corazón más valeroso, de no haber sido por las palabras de aliento contenidas en las expresiones proféticas emitidas por los mensajeros de Dios. Mediante Jeremías en Jerusalén, mediante Daniel en la corte de Babilonia y mediante Ezequiel a orillas del Chebar, el Señor, en su misericordia, aclaró su propósito eterno y dió seguridades acerca de su voluntad de cumplir para su pueblo escogido las promesas registradas en los escritos de Moisés. Con toda certidumbre realizaría lo que había dicho que haría en favor de aquellos que le fuesen fieles. “La palabra de Dios, ... vive y permanece para siempre.” 1 Pedro 1:23.
Durante las peregrinaciones en el desierto, el Señor había tomado amplias disposiciones para que sus hijos recordasen las palabras de su ley. Después que se establecieran en Canaán, los preceptos divinos debían repetirse diariamente en cada hogar; debían escribirse con claridad en los dinteles, en las puertas y en tablillas recordativas. Debían componerse con música y ser cantados por jóvenes y ancianos. Los sacerdotes debían enseñar estos santos preceptos en asambleas públicas, y los gobernantes de la tierra debían estudiarlos diariamente. El Señor ordenó a Josué acerca del libro de la ley: “Antes de día y noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito: porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.” Josué 1:8.
Los escritos de Moisés fueron enseñados por Josué a todo Israel. “No hubo palabra alguna de todas las cosas que mandó Moisés, que Josué no hiciese leer delante de toda la congregación de Israel, mujeres y niños, y extranjeros que andaban entre ellos.” Josué 8:35. Esto armonizaba con la orden expresa de Jehová que disponía una repetición pública de las palabras del libro de la ley cada siete años, durante la fiesta de las cabañas. A los caudillos espirituales de Israel se les habían dado estas instrucciones: “Harás congregar el pueblo, varones y mujeres y niños, y tus extranjeros que estuvieren en tus ciudades, para que oigan y aprendan, y teman a Jehová vuestro Dios, y cuiden de poner por obra todas las palabras de esta ley: y los hijos de ellos que no supieron oigan, y aprendan a temer a Jehová vuestro Dios todos los días que viviereis sobre la tierra, para ir a la cual pasáis el Jordán para poseerla.” Deuteronomio 31:12, 13.
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