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Sábado 3 de Octubre de 2026.

hace 14 horas
5 min de lectura

Salmos 57 (RVR1960) Profetas y Reyes



Plegaria pidiendo ser librado de los perseguidores

(Sal. 108.1-5)

Al músico principal; sobre No destruyas. Mictam de David, cuando huyó de delante de Saúl a la cueva.

1 Ten misericordia de mí, oh Dios, ten misericordia de mí;


Porque en ti ha confiado mi alma,


Y en la sombra de tus alas me ampararé


Hasta que pasen los quebrantos.


2 Clamaré al Dios Altísimo,


Al Dios que me favorece.


3 Él enviará desde los cielos, y me salvará


De la infamia del que me acosa; Selah


Dios enviará su misericordia y su verdad.


4 Mi vida está entre leones;


Estoy echado entre hijos de hombres que vomitan llamas;


Sus dientes son lanzas y saetas,


Y su lengua espada aguda.


5 Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios;


Sobre toda la tierra sea tu gloria.


6 Red han armado a mis pasos;


Se ha abatido mi alma;


Hoyo han cavado delante de mí;


En medio de él han caído ellos mismos. Selah


7 Pronto está mi corazón, oh Dios, mi corazón está dispuesto;


Cantaré, y trovaré salmos.


8 Despierta, alma mía; despierta, salterio y arpa;


Me levantaré de mañana.


9 Te alabaré entre los pueblos, oh Señor;


Cantaré de ti entre las naciones.


10 Porque grande es hasta los cielos tu misericordia,


Y hasta las nubes tu verdad.


11 Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios;


Sobre toda la tierra sea tu gloria.


Comentario del Capitulo





Capítulo 37—Llevados cautivos a Babilonia


Acerca de Jeremías mismo se registra: “Nabucodonosor había ordenado a Nabuzaradán capitán de la guardia, acerca de Jeremías, diciendo: Tómale, y mira por él, y no le hagas mal ninguno; antes harás con él como él te dijere.” Jeremías 39:11, 12.


Librado de la cárcel por los oficiales babilonios, el profeta decidió echar su suerte con el débil residuo “de los pobres del país” que los caldeos dejaron para que fuesen “viñadores y labradores.” Sobre éstos, los babilonios pusieron a Gedalías como gobernador. Apenas transcurridos algunos meses, el recién designado gobernador fué muerto a traición. La pobre gente, después de pasar por muchas pruebas, se dejó finalmente persuadir por sus caudillos a refugiarse en la tierra de Egipto. Jeremías alzó la voz en protesta contra ese traslado. Rogó: “No entréis en Egipto.” Pero no se escuchó el consejo inspirado, y “todo el resto de Judá, ... hombres, y mujeres, y niños” huyeron a Egipto. “No obedecieron a la voz de Jehová: y llegaron hasta Taphmes.” Jeremías 52:16; 43:2-7.


Las profecías de condenación pronunciadas por Jeremías sobre el residuo que se había rebelado contra Nabucodonosor huyendo a Egipto, iban mezcladas con promesas de perdón para aquellos que se arrepintiesen de su insensatez y estuviesen dispuestos a volver. Si bien el Señor no quería salvar a los que se desviaban de su consejo para oír las influencias seductoras de la idolatría egipcia, estaba sin embargo dispuesto a manifestar misericordia a los que le resultasen leales y fieles. Declaró: “Y los que escaparen del cuchillo, volverán de tierra de Egipto a tierra de Judá, pocos hombres; sabrán pues todas las reliquias de Judá, que han entrado en Egipto a morar allí la palabra de quién ha de permanecer, si la mía, o la suya.” Jeremías 44:28.


El pesar del profeta por la absoluta perversidad de aquellos que debieran haber sido la luz espiritual del mundo, su aflicción por la suerte de Sión y del pueblo llevado cautivo a Babilonia, se revela en las lamentaciones que dejó escritas como monumento recordativo de la insensatez que constituye el desviarse de los consejos de Jehová para seguir la sabiduría humana. En medio de las ruinas que veía en derredor, Jeremías podía decir: “Es por la misericordia de Jehová que no somos consumidos,” y su oración constante era: “Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová.” Lamentaciones 3:22, 40. Mientras Judá era todavía reino entre las naciones, había preguntado a Dios: “¿Has desechado enteramente a Judá? ¿ha aborrecido tu alma a Sión?” Y se había atrevido a suplicar: “Por amor de tu nombre no nos deseches.” Jeremías 14:19, 21. La fe absoluta del profeta en el propósito eterno de Dios de sacar orden de la confusión, y de demostrar a las naciones de la tierra y al universo entero sus atributos de justicia y amor, le inducían ahora a interceder confiadamente por aquellos que se desviasen del mal hacia la justicia.


Pero Sión estaba ahora completamente destruída y el pueblo de Dios se hallaba en cautiverio. Abrumado de pesar, el profeta exclamaba: “¡Cómo está sentada sola la ciudad populosa! La grande entre las naciones se ha vuelto como viuda, la señora de provincias es hecha tributaria. Amargamente llora en la noche, y sus lágrimas en sus mejillas; no tiene quien la consuele de todos sus amadores: todos sus amigos le faltaron, volviéronsele enemigos.


“Fuése Judá, a causa de la aflicción, y de la grandeza de servidumbre; ella moró entre las gentes, y no halló descanso: todos sus perseguidores la alcanzaron entre estrechuras. Las calzadas de Sión tienen luto, porque no hay quien venga a las solemnidades; todas sus puertas están asoladas, sus sacerdotes gimen, sus vírgenes afligidas, y ella tiene amargura. Sus enemigos han sido hechos cabeza, sus aborrecedores fueron prosperados; porque Jehová la afligió por la multitud de sus rebeliones: sus niños fueron en cautividad delante del enemigo...


“¡Cómo oscureció el Señor en su furor a la hija de Sión! Derribó del cielo a la tierra la hermosura de Israel, y no se acordó del estrado de sus pies en el día de su ira. Destruyó el Señor, y no perdonó; destruyó en su furor todas las tiendas de Jacob: echó por tierra las fortalezas de la hija de Judá, deslustró el reino y sus príncipes. Cortó con el furor de su ira todo el cuerno de Israel; hizo volver atrás su diestra delante del enemigo; y encendióse en Jacob como llama de fuego que ha devorado en contorno. Entesó su arco como enemigo, afirmó su mano derecha como adversario, y mató toda cosa hermosa a la vista: en la tienda de la hija de Sión derramó como fuego su enojo...


“¿Qué testigo te traeré, o a quién te haré semejante, hija de Jerusalem? ¿A quién te compararé para consolarte, o virgen hija de Sión? Porque grande es tu quebrantamiento como la mar: ¿quién te medicinará? ...


“Acuérdate, oh Jehová, de lo que nos ha sucedido: ve y mira nuestro oprobio. Nuestra heredad se ha vuelto a extraños, nuestras casas a forasteros. Huérfanos somos sin padre, nuestras madres como viudas... Nuestros padres pecaron, y son muertos; y nosotros llevamos sus castigos. Siervos se enseñorearon de nosotros; no hubo quien de su mano nos librase... Por esto fué entristecido nuestro corazón, por esto se entenebrecieron nuestros ojos...








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