Jueves 24 de Septiembre 2026.
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Salmo 48 (RVR1960) Profetas y Reyes
Hermosura y gloria de Sion
Cántico. Salmo de los hijos de Coré.
1 Grande es Jehová, y digno de ser en gran manera alabado
En la ciudad de nuestro Dios, en su monte santo.
2 Hermosa provincia, el gozo de toda la tierra,
Es el monte de Sion, a los lados del norte,
La ciudad del gran Rey.
3 En sus palacios Dios es conocido por refugio.
4 Porque he aquí los reyes de la tierra se reunieron;
Pasaron todos.
5 Y viéndola ellos así, se maravillaron,
Se turbaron, se apresuraron a huir.
6 Les tomó allí temblor;
Dolor como de mujer que da a luz.
7 Con viento solano
Quiebras tú las naves de Tarsis.
8 Como lo oímos, así lo hemos visto
En la ciudad de Jehová de los ejércitos, en la ciudad de nuestro Dios;
La afirmará Dios para siempre. Selah
9 Nos acordamos de tu misericordia, oh Dios,
En medio de tu templo.
10 Conforme a tu nombre, oh Dios,
Así es tu loor hasta los fines de la tierra;
De justicia está llena tu diestra.
11 Se alegrará el monte de Sion;
Se gozarán las hijas de Judá
Por tus juicios.
12 Andad alrededor de Sion, y rodeadla;
Contad sus torres.
13 Considerad atentamente su antemuro,
Mirad sus palacios;
Para que lo contéis a la generación venidera.
14 Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre;
Él nos guiará aun más allá de la muerte.
Comentario del Capitulo

Capítulo 35—La condenación inminente
Para ilustrar aun mejor la naturaleza de los juicios que se acercaban prestamente, se ordenó al profeta: “Lleva contigo de los ancianos del pueblo, y de los ancianos de los sacerdotes; y saldrás al valle del hijo de Hinnom.” Y allí, después de reseñar la apostasía de Judá, debía hacer añicos “una vasija de barro de alfarero” y declarar en nombre de Jehová, cuyo siervo era: “Así quebrantaré a este pueblo y a esta ciudad, como quien quiebra un vaso de barro, que no puede más restaurarse.”
El profeta hizo lo que se le había ordenado. Luego, volviendo a la ciudad, se puso de pie en el atrio del templo, y declaró a oídos de todo el pueblo: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo traigo sobre esta ciudad y sobre todas sus villas todo el mal que hablé contra ella: porque han endurecido su cerviz, para no oir mis palabras.” Véase Jeremías 19.
En vez de inducirlos a la confesión y al arrepentimiento, las palabras del profeta despertaron ira en los que ejercían autoridad, y en consecuencia Jeremías fué privado de la libertad. Encarcelado y puesto en el cepo, el profeta continuó sin embargo comunicando los mensajes del Cielo a los que estaban cerca de él. Su voz no podía ser acallada por la persecución. Declaró acerca de la palabra de verdad: “Fué en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos, trabajé por sufrirlo, y no pude.” Jeremías 20:9.
Fué más o menos en aquel tiempo cuando el Señor ordenó a Jeremías que escribiera los mensajes que deseaba dar a aquellos por cuya salvación se conmovía de continuo su corazón compasivo. El Señor ordenó a su siervo: “Tómate un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel y contra Judá, y contra todas las gentes, desde el día que comencé a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy. Quizá oirá la casa de Judá todo el mal que yo pienso hacerles, para volverse cada uno de su mal camino, y yo perdonaré su maldad y su pecado.” Jeremías 36:2, 3.
Obedeciendo a esta orden, Jeremías llamó en su auxilio a un amigo fiel, el escriba Baruc, y le dictó “todas las palabras que Jehová le había hablado.” Vers. 4. Estas palabras se escribieron cuidadosamente en un rollo de pergamino, y constituyeron una solemne reprensión del pecado, una advertencia del resultado seguro que tendría la continua apostasía, y una ferviente súplica a renunciar a todo mal.
Cuando se hubo terminado la escritura, Jeremías, que seguía preso, mandó a Baruc que leyese el rollo a las multitudes congregadas en el templo en ocasión de un día de ayuno nacional, “en el año quinto de Joacim hijo de Josías, rey de Judá, en el mes noveno.” Dijo el profeta: “Quizá caerá oración de ellos en la presencia de Jehová, y tornaráse cada uno de su mal camino; porque grande es el furor y la ira que ha expresado Jehová contra este pueblo.” Vers. 9, 7.
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