Miércoles 23 de Septiembre de 2026.
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Salmo 47 (RVR1960) Profetas y Reyes
Dios, el Rey de toda la tierra
Al músico principal. Salmo de los hijos de Coré.
1 Pueblos todos, batid las manos;
Aclamad a Dios con voz de júbilo.
2 Porque Jehová el Altísimo es temible;
Rey grande sobre toda la tierra.
3 Él someterá a los pueblos debajo de nosotros,
Y a las naciones debajo de nuestros pies.
4 Él nos elegirá nuestras heredades;
La hermosura de Jacob, al cual amó. Selah
5 Subió Dios con júbilo,
Jehová con sonido de trompeta.
6 Cantad a Dios, cantad;
Cantad a nuestro Rey, cantad;
7 Porque Dios es el Rey de toda la tierra;
Cantad con inteligencia.
8 Reinó Dios sobre las naciones;
Se sentó Dios sobre su santo trono.
9 Los príncipes de los pueblos se reunieron
Como pueblo del Dios de Abraham;
10 Porque de Dios son los escudos de la tierra;
Él es muy exaltado.
Comentario del Capitulo

Capítulo 35—La condenación inminente
Se despertó la ira del profeta, y por inspiración pronunció un juicio contra el gobernante infiel. Declaró: “¡Ay del que edifica su casa y no en justicia, y sus salas y no en juicio, sirviéndose de su prójimo de balde, y no dándole el salario de su trabajo! ... ¿Reinarás porque te cercas de cedro? ¿no comió y bebió tu padre, e hizo juicio y justicia, y entonces le fué bien? El juzgó la causa del afligido y del menesteroso, y entonces estuvo bien. ¿No es esto conocerme a mí? dice Jehová. Mas tus ojos y tu corazón no son sino a tu avaricia, y a derramar la sangre inocente, y a opresión, y a hacer agravio.
“Por tanto así ha dicho Jehová, de Joacim hijo de Josías, rey de Judá: No lo llorarán, diciendo: ¡Ay hermano mío! y ¡ay hermana! ni lo lamentarán, diciendo: ¡Ay señor! ¡ay su grandeza! En sepultura de asno será enterrado, arrastrándole y echándole fuera de las puertas de Jerusalem.” Vers. 13-19.
A los pocos años, este terrible castigo iba a caer sobre Joaquim; pero primero el Señor informó de su propósito resuelto a la nación impenitente. El cuarto año del reinado de Joaquim, “habló Jeremías profeta a todo el pueblo de Judá, y a todos los moradores de Jerusalem,” señalando que durante como veinte años, “desde el año trece de Josías, ... hasta este día” (Jeremías 25:2, 3), había atestiguado el deseo que Dios tenía de salvarlos, pero que sus mensajes habían sido despreciados. Y ahora el Señor les advertía:
“Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Por cuanto no habéis oído mis palabras, he aquí enviaré yo, y tomaré todos los linajes del aquilón, dice Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y traerélos contra esta tierra, y contra sus moradores, y contra todas estas naciones en derredor; y los destruiré, y pondrélos por escarnio, y por silbo, y en soledades perpetuas. Y haré que perezca de entre ellos voz de gozo y voz de alegría, voz de desposado y voz de desposada, ruido de muelas, y luz de lámpara. Y toda esta tierra será puesta en soledad, en espanto; y servirán estas gentes al rey de Babilonia setenta años.” Vers. 8-11.
Aunque la sentencia condenatoria había sido enunciada claramente, era difícil que las multitudes que la oían pudiesen comprender todo lo que significaba. A fin de que pudiesen hacerse impresiones más profundas, el Señor procuró ilustrar el significado de las palabras expresadas. Ordenó a Jeremías que comparase la suerte de la nación con el agotamiento de una copa llena del vino de la ira divina. Entre los primeros que habían de beber de esta copa de desgracia se contaban “a Jerusalem, a las ciudades de Judá, y a sus reyes.” Les tocaría también a estos otros beber la misma copa: “a Faraón rey de Egipto, y a sus siervos, y a sus príncipes, y a todo su pueblo,” y muchas otras naciones de la tierra, hasta que el propósito de Dios se hubiese cumplido. (Véase Jer. 25.)
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