Miércoles 30 de Septiembre de 2026.
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Salmo 54 (RVR1960) Profetas y Reyes
Plegaria pidiendo protección contra los enemigos
Al músico principal; en Neginot. Masquil de David, cuando vinieron los zifeos y dijeron a Saúl: ¿No está David escondido en nuestra tierra?
1 Oh Dios, sálvame por tu nombre,
Y con tu poder defiéndeme.
2 Oh Dios, oye mi oración;
Escucha las razones de mi boca.
3 Porque extraños se han levantado contra mí,
Y hombres violentos buscan mi vida;
No han puesto a Dios delante de sí. Selah
4 He aquí, Dios es el que me ayuda;
El Señor está con los que sostienen mi vida.
5 Él devolverá el mal a mis enemigos;
Córtalos por tu verdad.
6 Voluntariamente sacrificaré a ti;
Alabaré tu nombre, oh Jehová, porque es bueno.
7 Porque él me ha librado de toda angustia,
Y mis ojos han visto la ruina de mis enemigos.
Comentario del Capitulo

Capítulo 36—El último rey de Judá
Aun estas palabras fueron recibidas con burlas. Declaraban los impenitentes: “Prolongarse han los días, y perecerá toda visión.” Pero mediante Ezequiel fué severamente reprendida esta negación de la segura palabra profética. El Señor declaró: “Haré cesar este refrán, y no repetirán más este dicho en Israel. Diles pues: Se han acercado aquellos días, y la palabra de toda visión. Porque no habrá más alguna visión vana, ni habrá adivinación de lisonjeros en medio de la casa de Israel. Porque yo Jehová hablaré; cumpliráse la palabra que yo hablaré; no se dilatará más: antes en vuestros días, oh casa rebelde, hablaré palabra, y cumpliréla, dice el Señor Jehová.”
Ezequiel sigue diciendo: “Y fué a mi palabra de Jehová, diciendo: Hijo del hombre, he aquí que los de la casa de Israel dicen: La visión que éste ve es para muchos días, y para lejanos tiempos profetiza éste. Diles por tanto: Así ha dicho el Señor Jehová: No se dilatarán más todas mis palabras: cumpliráse la palabra que yo hablaré, dice el Señor Jehová.” Ezequiel 12:21-28.
Entre los que estaban llevando la nación aceleradamente hacia la ruina, se destacaba el rey Sedequías. Haciendo caso omiso de los consejos que el Señor daba por medio de los profetas, olvidaba el rey de Judá la deuda de gratitud que tenía para con Nabucodonosor y, violando su solemne juramento de fidelidad que había prestado en nombre de Jehová Dios de Israel, se rebeló contra los profetas, contra su benefactor y contra su Dios. En la vanidad de su propia sabiduría, buscó ayuda cerca del antiguo enemigo de la prosperidad de Israel, “enviando sus embajadores a Egipto, para que le diese caballos y mucha gente.”
El Señor dijo acerca del que había traicionado tan vilmente todo cometido sagrado: “¿Será prosperado, escapará, el que estas cosas hizo? ¿y el que rompió la alianza, podrá huir? Vivo yo, dice el Señor Jehová, que morirá en medio de Babilonia, en el lugar del rey que le hizo reinar, cuyo juramento menospreció, y cuya alianza con él hecha rompió. Y no con grande ejército, ni con mucha compañía hará con él Faraón en la batalla, ... pues menospreció el juramento, para invalidar el concierto cuando he aquí que había dado su mano, e hizo todas estas cosas, no escapará.” Ezequiel 17:15-18.
Para el “profano e impío príncipe” había llegado el día del ajuste final de cuentas. El Señor decretó: “Depón la tiara, quita la corona.” Hasta que Cristo mismo estableciese su reino, no se iba a permitir a Judá que tuviese rey. El decreto divino acerca de la corona de la casa de David era: “Del revés, del revés, del revés la tornaré; y no será ésta más, hasta que venga aquel cuyo es el derecho, y se la entregaré.” Ezequiel 21:25-27.
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